Maldito enero

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Maldito enero.
Maldito invierno asoleado.Consternación falsa. Especialistas surgen por todos lados.
Lo peor es que pronto olvidaremos todo. La rutina anestesia.
Gracias al viento, que parecía de marzo o de Texas, por llevarse algo de la basura. Al menos volvieron las montañas.

Kato Gutiérrez © 2017
FB: Kato Gtz.
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@mrkato

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

El maldito amor

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Dicen que ni cuando más odiamos dejamos de amar. Con razón no te puedo olvidar. Me robaste la paz. Lamento no haberte abrazado más. Y ahora tengo que aguantar sin ti este invierno, cuando la gente es más patética. Fingen más, mienten más, pretenden ser felices. No le confío mucho al invierno.

Dicen que hay gente que se sube a los aviones sólo para no tener conexión a Internet. Otros trabajan para no estar en casa, o duermen para no sentir. Hay quien se baña a oscuras para no verse. Quien corre para llegar, otros para huir. Gritan para ser escuchados, otros para oír. Comen por dolor deseando morir de hambre. Buscan estáticos con los ojos cerrados deseando que el viento les traiga la fortuna, el gozo, el amor. El delgado y sensible amor. Besan para sentir. Dicen tonterías como: Lucharé por el amor. No hay frase más aberrante. Por el amor no se pelea. Pretenden ser merecedores fingiendo sonrisas, actuando poses, recitando versos de memoria.

¿Qué mas paz que el impacto de tus labios? ¿Qué más armonía que el choque de nuestras miradas? ¿Qué más quietud que mi mano en tu cadera? ¿Qué más euforia que mi boca en tu clavícula? ¿Qué más paz que el amor? ¿Qué peor revolución que quererte? ¿Qué peor frenesí que desearte? ¿Qué peor terremoto que tu abrazo? ¿Qué más terco que el amor?

¿Qué más amor que dos cuerpos colapsándose? ¿Qué más bipolar, equivocado y acertado que el amor? Llega tarde, llega a tiempo, no llega. Lo buscan, lo esperan. Le lloran, le gritan, le sonríen, le agradecen, le reclaman. Es sentido, es callado, tímido. Nunca habla, aunque se sienten sus gritos. Pocas veces certero, no es razonable, ni permite hacer juicios. Nunca hay explicaciones ni motivos. La razón lo odia.

El amor es pacífico a pesar de que te golpea. Es educado a pesar de que nunca pregunta cuando puede llegar ni respeta leyes humanas. Aturde y da paz a la vez. En el mismo instante arde y cura. Dulce y agrio. Es como un super héroe, está en todos lados. Creador de poetas. Provoca incompetencia al hablar. A varios ha dejado mudos. Como mal doctor, ha dejado enfermos a muchos, locos a miles. Se desconoce sus fronteras. Es como un mago, como un creador de enigmas, de misterios, de realidades. Nubla. Quita el hambre. Saca el sol. Aturde. No se sabe como ni cuando termina. Se desconoce dónde nace, y dónde está. Todos lo quieren aunque no lo reconozcan. Hay quienes escriben para atraerlo, pero el amor es vanidoso. Va o llega o viene sólo cuando quiere. Nunca nadie lo ha controlado. Es el toro más bravo, el oso más loco, el colibrí más veloz, la cebra más bipolar.

Lo buscan creando música, cantando, bailando, tocándose, recitando, besando, actuando, mintiendo, cogiendo. ¿Qué más poder que el de tus ojos? Causa insomnio. Arde dulcemente. Se diluye. Explota. Se multiplica. Ataca. Espera. Se escurre. Nunca se puede fingir. No sirven las explicaciones. Es como un giro eterno. Tornado de amor. Torbellino eterno e instantáneo. Ladrón de cerebros. No hay escapatoria. Es dar y recibir. Es energético y anestésico. Es el frío y el calor.

Es tan raro como gozar de dolor y sufrir de placer. Es tan raro como una flor en la cumbre o un diamante en el espacio. No es una competencia. No se vende. Se reinventa en cada caricia. No limita ni encierra. El amor libera, provoca. Mueve montañas. Tan loco, tan raro. Tan popular y tan solitario. Tan famoso y tan callado. Causa llantos y sonrisas. Hace llover. Crea soles y lunas. Es un dios. Dice palabras precisas. Acerca el cielo y amplía el sol. Genera millones de estrellas. Revuelve estómagos. Disturba juicios, aturde razones. Como tú. Como tus ojos. Como tu cadera. ¿Eres tú el amor? ¡Anímate! ¡Acércate! O al menos no te muevas. Ahí voy. No me dejes de ver. ¿Eres tú el amor? Déjame tocarte, ahógame. Déjame escribirte, gritarte, tenerte. No puedo sin tus abrazos que traen lava, sin tus soles ni tus lunas. Sin tus guirnaldas de estrellas. El amor no debe mentir, mejor que calle, que no conteste, que no explique nada con tal de que pueda embarrar mi boca en la tuya, todo lo demás no importa. No importa no entender nada. Con tenerte tengo todo. Todo el poder en tu caricia. Todo el tiempo. Toda la eternidad merece si te toco.

Kato Gutiérrez © 2015
FB: Kato Gtz
@mrkato

 

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphoto.net

Reseña Austin (Buscando a Stella)

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La ciudad es peligrosa. Corres peligro que te atrape en los primeros cuatro segundos. Como si los grandes árboles te fueran a abrazar, o comer. Como si las urracas cantaran versos, el Jazz liberara conciencias y borrara pecados. La decadencia está siempre en la siguiente cuadra, como siempre en este mundo.

En una mesa se me cruzaron las fronteras con cerveza y Coca Cola de mi tierra. Con idiomas que no reconozco en la siguiente mesa. Con mis paisanos de siempre trabajando entre mesas y cubiertos, o sobre jardines y edificios. Es fácil identificarlos hay como un código al mirarnos, una sonrisa siempre concluye.

Cientos de cervezas. Miles de historias, pero no encuentro a Stella. No era la mesera coqueta del cabello rosa. Tampoco la güera elegante que bajó de la limosina y nublada por el alcohol en lugar de la esperada petición de que la fotografiara con sus amigas, me pidió que la abrazara. Tampoco la encontré en esa prisa extraña, esa prisa lenta que todos poseen aquí. Ni en la saturación de todo, de sueños, pensamientos, cosas por hacer, expectativas, de fracasos, de reclamos a esta vida.

No, no estaba ahí en el olor a leña quemada que a todos acompaña en esa ciudad. Ni en las distancias, ni en los historiales crediticios, ni en la tecnología que todo rige, ni en la añoranza de la tierra de origen. Tampoco estaba en el intento de disimular el tormento pretendiendo bailar, pretendiendo sonreír. ¿Dónde estás Stella?

No la vi en la juventud cada vez más joven. Ni en los músicos de calle que solo tocaban un sólo acorde. Ni en los pordioseros con cartelones de reclamo al gobierno, al ejército, a su ex esposa. Ni el dealer me pudo instruir sobre Stella. Ni el Sheriff Hispano de la ciudad, ni en los yates llenos de alcohol que rompían el silencio de la mañana de domingo. Tampoco estaba en el oscuro restaurante con un exquisito olor a leña. Ni en el pasado, ni en los álbumes, ni en las decisiones por hacer, ni en la jodida búsqueda de motivos y explicaciones. Ni en la prisa, ni en el rush. Ni en los ojos de la hermosa mujer sentada en la banca junto al río, ni que yo fuera Luca, ni que pudiera ver algo más que brillos en sus ojos.

Tampoco estaba en la soledad, ni en el café que el domingo por la mañana no había ninguna familia, no la encontré al corroborar que el machacado con huevo sigue causando nostalgia. Ni en el susto al sentir excremento de urraca caer sobre mi mano mientras escribo esto.

No encontré a Stella en Austin. No importa. Lo que si encontré fue el poder de como una charla de ciento cincuenta minutos nos puede convertir de extraños a amigos. Gracias Austin, primera gira internacional, nunca la olvidaré.

Kato Gutiérrez © 2015
@mrkato

Parque temático

 

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Estás en un McDonald´s de Florida sobreviviendo al olor a grasa y las mesas pegosteosas. Papeles de popotes tirados en el piso. Recipientes de cartón con salsa Catsup, la cual tiene más de cuarenta y ocho ingredientes ni uno de ellos natural. Una televisión cuelga de una esquina, para estar acorde a lo decadente del lugar tiene que estar un noticiero local escupiendo nota roja mucho más rápido de lo que cualquier cerebro promedio puede procesar. Te dan ganas de salir corriendo y perderte en el primer bosque que encuentres, o hundirte en el primer pantano con la esperanza de sentir una mordida pronto en alguna extremidad. Al menos eso sería real. Al menos te haría sentir algo diferente. En la televisión un gordo enorme al menos  talla 5XL, protesta por el maltrato a los animales, se le inflama más el cuello cuando grita con coraje a pesar de tener un micrófono frente a su boca. Grita y grita, pide respeto a sus gatos, las mejillas rojas. Grita, y reclama. ¿Que habrá cenado? ¿Habrá desayunado en este McDonald´s? ¿Será vegano? Bloquean la avenida, la reportera esta excitada mencionando que es el primer bloqueo en la historia de Florida. Ha de haber un chilango en el grupo dándoles todo el insight. Te arrepientes de haber pedido café.

Un hombre se mete en la fila del baño para orinar. Se le adelantó a tres niños. Sale sin lavarse las manos, se encuentra afuera con su maravillosa familia a quien abraza afectuosamente.

En los estacionamientos de los parques temáticos abuelos son los que acomodan los autos con un orden y precisión absoluta. Usan un chaleco amarillo fosforescente, traen colgado en su cintura una botella con agua, la cual les dura fresca solamente treinta minutos. Pobres abuelos, ellos habían soñado terminar en Florida jugando golf, y acabaron de viene viene del primer mundo. Benditos abuelos, todos los días en el sol, haciendo algo por lo que les pagan. Uno que otro loco hasta lo disfruta, hasta se preocupa por los consumidores, hasta es amable, hasta da información interesante del parque, hasta sonríe, hasta habla español.

Filas, filas cagantes. ¿Cómo no te caga hacer lo mismo que la mayoría? Gente brotando de cualquier pozo de cualquier esquina. Decadencia colectiva. El mundo a los cuarenta años es tan real y frío. Es tan mamón que destroza toda la fantasía de los recuerdos de los años maravillosos.

Tumultos, filas, masas, calor. ¿Cuánto por un VIP? Te vale madre. Ni humor para desear. Ni humor para buscar piernas o bustos. Un souvenir que te recuerde ¿qué? Fastpass al alma.

No mames, no sueltan el celular. Dedos duros y amaestrados, les controlan todo su ser. Donde están siempre es menos importante que lo que hay en la puta pantalla de cristal.

Aguanta, no tomes, toma. Convence, convéncete que el desfile de la noche los hará mejor personas. Unos foquitos que evocarán otra década, que rascará en tu memoria, que jalara una o dos sonrisitas. Una música chantajista, que está en algún rincón de ti, de esos pocos rincones reales y felices. Unos fuegos artificiales que te levanten el ánimo y la cara. Que las explosiones multicolores te recuerden a ti cuando no negociabas las sonrisas. Un castillo de tablaroca. Un castillo vacío. Un castillo mágico, como tú.

Una, dos, tres botargas. Un mitad perro, mitad vaca, o mitad humano. Una foto con él, para que le encuentres similitudes o diferencias contigo, mitad tu, mitad nada.

Dicen que ese es Kevin Costner y aquel Harrison Ford. Si yo fuera ellos, no estaría aquí.

Toca, toca, corre, tómate un litro de azúcar negra. Compra lo que sea, las orejas, los bloqueadores, los diarios, lo que sea, compra, come, corre. Gasta, no pienses. Que la fantasía del potente aire acondicionado  y la música de fondo te cambie tu gris realidad llena de rutinas y de mierda. Que una botarga te toque, que un cohete te ilumine. Que una cerveza te haga olvidar, soñar o sentir. Apocalipsis total. Que vuelen las palomas, que defequen en tus hombros, sobre tus ojos, que la mierda te ciegue, y que en la oscuridad encuentres todo lo que has olvidado, o perdido.

Que un orgasmo mañanero te anestesie para soportar el día. Que la lluvia diaria, cada vez más ácida queme tu poncho de veinte dólares, hecho en China por veinte centavos. Que te queme la piel, que te ahogue el ansia por no sentir, por no recordar lo que te hacía feliz o lo que te engañó hace años.

Ahora ves precios, riesgos, tiempos de espera, los avisos de posibles riesgos, las redes de seguridad, las veces en que el cantante no canta. Que te tropieces con una botella, que caigas de boca sobre algún barandal de acero pintado de rojo, que se te rompan los dientes, que no haya super héroe que pueda salvarte. Que Trump siga diciendo estupideces, que por fin algo nos una en realidad.

Que lo colectivo te arda. Que soportes cualquier tipo de café con tal de que te permita aguantar el día. Que el Starbucks te deje en paz. Que lo que necesites sea sólo agua. Que cada instante nazcas poco a poco. Que tus exhalaciones sean marginales. Que el vuelo salga a tiempo. Que el vuelo no se retrase más de noventa minutos. Que el piloto no se haya desvelado. Que la aeromoza haya sido infiel, que los moretones que trae ojalá fueran de maquillaje. Que tus poderes nunca mueran. Que nunca entiendas lo difícil que es sonreír solo. Que sonrías sin alcohol, sin sed, que sonrías en un lunes lluvioso.

Que nunca dejes de extrañarla. Que te duela cada exhalación. Que su aroma te ahogue. Que su recuerdo sea tu fantasma particular. Que un super héroe te ignore y quedes atorado en telarañas. Que sin ella solo puedas sobrevivir el día con cuatro Rivotriles encima.

Que un desconocido te detenga y te quiera abrazar, besar y tocar. Que todo sea diferente. Que los hubieras te maten, mejor que solo te acosen y no te abandonen jamás. Que una carta te atormente. Que una llamada en la madrugada te despierte y que nunca jamás puedas volver a dormir. Que un piano retumbe en plena madrugada, y siga así todas tus madrugadas.

Que el piloto no haya tomado.

Que el de la botarga esté sonriendo abajo de la máscara.

Que puedas desearla, que sea lo único que puedas hacer.

Que los popotes fueran de cartón y los palillos de oro.

Que siempre hubiera música de fondo.

Que encuentres unos ojos que no mientan, unos que lo único que busquen sean los tuyos.

Que una vieja carta te atormente. Que una foto que hubiera cambiado tu vida aparezca treinta años después. Que puedas volver al futuro. Que allá la puedas volver a tocar y hacerla gemir. Que se vuelvan a encontrar. Que grites a plena luz del día. Que un juego de mesa te haga parecer que tu vida es interesante. Que detestes los bufetes. Que no te falten vinos. Que un carbón te ahume. Que sientas el dolor de un beso interrumpido. Que te pierdas en una línea blanca. Que aparezcas sentado en el centro de una oscura pista de hielo. Que el silencio de un estadio vacío te aturda. Que agaches la mirada. Que el sol te queme. Que no te duela nada.

Kato Gutiérrez © 2015
@mrkato

 

Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

Alguien como tú.

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Cuánto daría por ser yo el de esa mesa. Con dos luceros viéndome directo el alma. Con alguien como tú frente a mi, con alguien con ese vestido rojo semi cubriendo sus piernas, y yo añorando que tus piernas me rozaran. Y, yo añorando que esos ojos me vieran como yo los veo a ellos.

Eligieron la esquina para terminar una historia. Siempre las historias de amor de más de siete años tienen que terminar en restaurantes que tengan velas en sus mesas. Él intenta ser una mejor persona, hasta le ofreció dejar de fumar y perder peso. Ella no ofrece sueños, no ofrece explicaciones, simplemente dice que es ella y se acabó; en una mesa de una esquina, con una vela a punto de fundirse.

 

Kato Gutiérrez  © 2014
@mrkato

Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

Baila conmigo.

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Con ese vestido rojo, era obvio que ibas convulsionar el lugar. Las miradas de todos, hombres y mujeres, se peleaban por llegar a ti primero.

Fantaseé con miles de canciones de los ochenta en donde varios nombres de mujeres volvían locos a los cantantes de rock, que a pesar de su rebelde cabellera larga, se animaban a cantar un rock romántico ¿Como te llamarás? ¿Por qué alguien tan bella llega sola a un bar como este?

¿Amanda? Hace años un amigo me dijo que era de seres inteligentes desconfiar de la belleza, sobre todo cuando ésta llega sola. ¿Por qué estás sola? Rompes el ambiente con tu ritmo, los meseros dejan de servir con tal de verte. Se improvisa una pasarela para admirarte. Ya siento que te necesito, siento que te extraño a pesar de que jamás hemos cruzado palabras. Me encantaría tener una excusa para poder iniciar una conversación contigo ahorita. Me encantaría, que esta noche, con tan poco alcohol en mí, tuviera el valor de acercarme a hablarte.

Ya vi las miradas de los barman, esperando ser elegidos, dispuestos a regalarte la bebida que sea, con tal de tener el privilegio de ver tu escote de frente por unos segundos solo para ellos. Todo el bar está dispuesto a regalarte mínimo una bebida, yo estoy dispuesto a regalarte mi noche. El problema es que el valor se me perdió hace unos meses. Lo dejé perdido en alguna firma de una liquidación. Lo dejé perdido en la rutina, en la pinche costumbre de hacer lo que tocaba hacer, a pesar de intentar hacer cosas diferentes, como estar una noche de martes aquí en este bar, a pesar de esto, siento que el valor se me fue, siento que mi ex patrón me ve todo el tiempo, que me ve de forma burlona, como si festejara mis fracasos cada vez que me acerco a una mujer.

Desde entonces no he logrado, ni siquiera un número de teléfono. Y hasta escucho las carcajadas mudas de mi ex patrón. Eso me ha llevado a ya no hablar con mujeres tan hermosas como tú. Ahora las elijo un poco menos afortunadas, digamos que algunas tallas más, pero aún así, sigo fallando, fallo como nunca. Y, he perdido la confianza de manera rotunda, como futbolista mexicano tirando un penal en una copa del mundo.

Pero esta noche llegas tu, y me recuerdas lo hermosa que puede ser una mujer. Me recordaste cuando siempre intentaba conocer a las mas hermosas, todo o nada, pero, ahh como nos cambia la vida, como nos cambian los cuarenta. Mas kilos, menos cabello, y el conformismo tocándome la puerta cada mañana. No mames, yo quiero conocer a alguien como tú.

No sé porque me preocupa saber tu nombre. Quizá es porque en la universidad siempre tenía éxito con mujeres que su nombre empezara con alguna vocal. Llegaba invitándoles una bebida, nunca dos, nunca cuatro, siempre número non, para poder tener éxito y que la historia terminara en alguna cama. Tenía que ser bella y que su nombre iniciara con vocal. Me dan ganas de mandar al mesero a preguntarte tu nombre, pero no imagino alguna forma más nefasta de iniciar una interacción. Me afectó trabajar tantos años en la empresa de seguros donde me tocaba calcular la posibilidad de siniestro de cada póliza, ahora cada decisión que tomo en mi vida, inconscientemente hago el cálculo de porcentaje de efectividad. Y pensar que hace muchos años me decían Superman.

Ojalá el alcohol me dé el valor que esta noche necesito para acerarme a ti. Que se me ocurra una frase diferente a la que los otro veinte pretendientes que se te van a acercar esta noche, algún piropo que te quite el habla por cuatro segundos, algo que te provoque verme por un momento sin preocupación, que la sangre se te vaya a los pies al ver el candor de mis ojos, que en ellos encontraras esperanza, encontraras la honestidad que nadie te ha podido dar porque se quedan mareados en tu espectacular cuerpo. Yo no me quiero quedar atorado en ese monumento, tu eres un templo más grande. Hasta me dejo llevar por mi lado romántico y alucino que tu espíritu es más hermoso que tu cuerpo, así de perfecta te creo en este momento, estás a cinco metros de mí, y siento que ya te conozco desde siempre, siento que tu voz me es familiar, siento tu aroma. Me llevas a un paraíso que creí que no existía, ya he visto como rechazas a dos valientes, y yo que no sé porque no me animo a hablarte. ¿Y si esta noche cambiaría mi vida? ¿Si tu voz cambiara mi universo? ¿Si tu sonrisa alterara mis miedos? Y desapareciera mi rutina, ¿si al tocarte no nos soltáramos? Que el llanto nos uniera. Ya me has dejado sordo, no escucho la música ochentera que el grupo toca desde la esquina, ¿y, qué si nos tocamos? ¿Y, qué si nos rozamos los hombros? ¿Y si nos miramos hasta entendernos? Ya retírate de la barra, una mujer como tú no debe de estar ahí. O eres la dueña del lugar, o tanta belleza no corresponde aquí, mucho menos sola.

Todo el lugar espera que te muevas, para ver tus caderas ladearse rítmicamente. Hay una mesa sola, justo a mi lado. ¿Y si al destino le gusta el martes, y te pone a mi lado? ¿Y si desde aquí tengo vista de lujo a tus piernas? Que el destino se equivoque esta noche, por favor, al cabo es martes, que te ponga a mi lado, que me haga el reto más fácil, que ver tus piernas tan cerca me llenen de valor. Una parte de mi me grita que me va ir bien, la otra parte de mi está mareada en ti, está ardiendo. El deseo me retrasa una década, no te puedo dejar ir. Cinco gueyes han pasado, no duran ni un segundo contigo, y yo que quiero toda la vida juntos. Si tan solo nuestros ojos conectaran. Una cerveza más y voy. Nadie de mis amigos me cree. Creen que estoy loco. Una cerveza más. A una cerveza de tus piernas. ¿Y si tu olor me noquea y me deja mudo? El grupo toca Las curvas de esa chica, ¿y si me copio las líneas de la canción para iniciar la conversación? No quiero que empieces a bailar, creo que no lo soportaré. O bailas conmigo, o no bailes. Estoy huyendo de mi. Y te tengo a tan sólo unos pasos de mí. Que su nombre inicie con vocal, por favor. Doy el primer paso, el segundo, solo me quedan tres pasos, y uno de mis amigos me grita: Jotoo. Cuando giré a defenderme me tropecé con un sillón, trastabillé y caí semi recostado justo en el sillón a tu lado. Lo único que pude hacer fue sonreír, y decir hola. Nunca había apostado tanto a una sonrisa mía, que te guste, por favor. ¿Así son tus amigos? Y me rompiste las pupilas con tu sonrisa. Tu brillo me dejó ciego. No te podía ver, te olía, te sentía, te quería tocar, pero brillabas como ninguna, tu brillo me cegaba, me faltaba esperanza para preguntar tu nombre, ¿Amanda? Que se llame Amanda, que se llame Amanda, por favor. ¿Y si nos conocemos a silencios? ¿Y si dejamos que el corazón mande? No me importa las horas que han pasado desde que literalmente caí a tu lado, pero espero que este lugar cierre mínimo a las tres de la mañana. Dos canciones y ya no me importa tu nombre, mi mano esta en tu muslo, y así me puedo quedar hasta que el sol nos sorprenda. Otros cuatro han incrementado la lista de rechazados. Y ahora mi otro brazo sobre tus hombros. ¿Y si cierran el lugar y nos quedamos nosotros? ¿Y si nos vamos a la montaña a contar estrellas? Me es muy difícil pensar en algún lugar mejor para estar contigo, que justo ahorita aquí. No me pares. No tengo el valor de proponer nada que implique el cambio de posición de mis brazos. Si acaso, que pare el tiempo. No quiero parar, el deseo me marea, tu boca, ya no es mucho pedir, tu boca. Me falta tu boca. Conectemos todos los sentidos antes de que nos empecemos a extrañar. Eterniza este momento con un beso, transpongamos con un roce. Bailemos. Que verte bailando frente a mi, con la mirada de todos sobre mi espalda haga aun más increíble y memorable esta noche, anímate, no me digas nada, ni siquiera me repitas tu nombre, bailemos con las miradas de todos encima, bailemos con el reto del placer revoloteándonos en el cráneo, bailemos con la ligereza de la edad, del desatino y la desesperanza, bailemos gozándonos, que aunque la música nos marque otro ritmo, nosotros solo sintamos una orquesta tocando una serenata para nosotros. Bailemos como antes, con respeto, con ilusión, con deseo, como siempre lo hemos hecho tu y yo.

Kato Gutiérrez  © 2014
@mrkato

Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

Despertando a carcajadas

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Hoy me desperté riéndome. Es la primera vez que me sucede. No fue una simple sonrisa, no; fueron carcajadas, de hecho, por eso me desperté. Mi despertador fueron mis carcajadas. Muchas mañanas había despertado asustado por alguna pesadilla, o enojado por haber interrumpido algún sueño placentero, pero nunca a carcajadas. ¿Qué significará? ¿Será cierto que Dios habla en sueños?

Muchas noches tengo el mismo sueño: estoy en una guerra y no sé como accionar el arma. Las rodillas me duelen de tanto temblar, siento un viento helado dentro de mis vértebras. Tallo mis dientes con mucha fuerza y frecuencia. Mi boca apesta. Estoy escondido en una vieja casa en ruinas. Tengo mi cara manchada de tierra y aceite. A lo lejos se escuchan aviones, bombazos, camiones, gritos en lenguajes extraños y llantos, muchos llantos, ¿por qué en las películas de guerra no se escuchan lo llantos? Pero sobre todo resalta el continuo golpeteo de las aspas de un helicóptero molestando el perturbado aire de esta zona. A mí también me molestan, me recuerdan mis constantes pecados. Tengo un casco antiguo, creo que es la segunda guerra mundial, no sé a que país defiendo, lo único que me importa es defender mi vida. Tengo mi indice derecho muy lejos del gatillo. Mi indice está tieso, extendido, frío, creo que será imposible hacerlo accionar el gatillo. Tengo miedo, mucho miedo. Siento que el terror ha tomado todo el oxígeno, ya no quiero respirar, siento que entra a mí. Aterrado por la violencia no sé a quien defiendo, no sé quien es mi aliado y quien mi enemigo. A veces en mi vida me pasa igual. Sigo en una esquina, en cuclillas, hasta las uñas me tiemblan del miedo. El valor que se requiere para asomarme por la ventana se encuentra a kilómetros de aquí. Creo llegar a la conclusión de que es más cobardía que temor. Prefiero morir que a matar. Llegan dos soldados a la habitación donde estoy. Su bandera es diferente a la mía. Hablan algún idioma que no entiendo. Se ríen. Prenden un cigarro. Ponen su rifle en el piso recargándolo sobre sus muslos derechos. Me gustaría saber que marca son esos cigarros que están fumando. Huele delicioso. Me gustaría entender su idioma. Siguen riéndose. Dan dos tragos a sus cantimploras. No creo que sea sólo agua. Son güeros, de ojos verdes. ¿Por qué habrían de matarme? ¿Por qué habría de matarlos? Antes de que alguien accione algún gatillo, les pregunto el motivo de nuestra pelea. Sus insignias son diferentes a las de mi uniforme, pero han de representar lo mismo: orgullo, egocentrismo, presunción, dramas, lástimas, poder. Ellos tienen más que yo. En mi sucio uniforme solo tengo dos. ¿Cómo acciono el gatillo? Lentamente toman sus rifles, los dos me apuntan. Por motivos de orgullo y de honor, me levanto y los veo de frente. Me acuerdo de Pancho Villa. Me acuerdo de una hacienda en Chihuahua. Me acuerdo de una pared de adobe inundada de balas revolucionarias. Juro escuchar que alguien grita: ¡Viva México! En ese momento me gustaría despertarme, pero no, por más miedo que siento, no me despierto, a diferencia de cuando sueño que estoy por besar a Salma, ahí siempre me despierto antes del beso. No importa cuantas veces tenga el sueño de la guerra, sigo sintiendo el mismo miedo, sufro como si fuera la primera vez que lo sueño. La desesperación que siento por despertarme, me convierte en un soldado más valiente. Dejo de tomar el rifle como escoba. Con la mano izquierda lo sostengo, cacha a mi hombro derecho, ¿y el indice? El indice se calentó, se flexionó, tocó el gatillo y lo accionó. ¡Puum! ¡Y ni ahí me despierto! Pero si estuviera soñando con Salma, con solo acercarme a su cuerpo, siempre me despierto. No me despierto después del disparo, pero tampoco alcanzó a ver que sucede. Solo veo mi cara de terror, la ansiedad tronándome la espalda y el sabor a plomo en mi boca, pero nunca veo que pasa con la bala.

Tratando de despertar, leo las noticias del día. Buenos días mundo exótico. Políticos usando esperma de tiburón para evitar las arrugas, la industria porno detenida por un positivo, peleas familiares, armas químicas, coches bombas, jóvenes matando por aburrimiento, reos pidiendo tratamiento hormonal para cambio de sexo; entre todo esto me confundo. Dudo cual es el sueño y cual es la realidad. Dudo cual es la peor pesadilla. Elijo el miedo a la guerra.

No sé porque hoy me desperté a carcajadas. Quizá fue lo que cené, o lo que tomé. Quizá fue el Rivotril de postre o el té de azahares. Quizá fue el beso que robé anoche o la caricia que me arrebataron. Salma no me ha llamado, tampoco Gwyneth. Me pregunto por qué me desperté a carcajadas hoy, y no tengo una respuesta.

Kato Gutiérrez © 2013

Imagen cortesía de: FreeDigitalPhotos.net

Una mañana de fin de cursos.

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Y veo abuelos, y veo banderas, y veo ojos con esperanza. Escucho murmullos preocupados, escucho risas auténticas de niños que me recuerdan lo hermosos que eran los veranos de antes, lo hermosos que eran los viernes de antes; de cuando todo era mejor, de cuando todo era felicidad y alegría, de cuando el nivel de diversión era proporcional a la cantidad de sudor que tenías en tu camisa.

Se escucha Forever Young, de Rod Stewart, lo que provoca sonrisas en algunos padres, mientras pierden su mirada en el recuerdo. Huele a alegría, pero también a algo de miedo. Los adultos tememos el futuro. Los niños, si acaso, temen el presente; lo desconocido es abrumador. El pasado es asfixiante y el presente es inexplicable.

Cantan coros de niños, escucho sus tiernas y suaves voces que me recuerdan la inocencia y la ternura que poseía en alguna parte de mi primer década. Cantan su deseo de ser la esperanza del mañana, de ser los adultos del mañana. Pero, los adultos de hoy queremos volver a ser niños, nos enseñaron a olvidar. Ahorita a ellos, los hacen cantar sobre el futuro. A mí me dan ganas de ponerme de pronto de pie, gritar a todos que callen, que paren su hermosa canción. Me dan ganas de decirles que ahorita nos ayudan más así. Su aporte a la humanidad ahorita es más fuerte y más valioso. Se ocupan más sueños, más sonrisas, más esperanzas, más inocencia que adultos en este mundo. ¡No queremos que crezcan! Escucho a los maestros darles consejos acerca de su futuro inmediato. Espero que a mi nunca me pidan un consejo, no tengo el valor de dar ninguno.

Veo a niños con corbatas, con modas prestadas, soñando ser grandes cuando aún mastican sus alimentos con la boca abierta. Las maestras siguen en trances con llantos de tristeza, de emoción, de alegría por el verano que viene; o a lo mejor de arrepentimiento. Algunas madres lloran. Lloran por lo que fueron, o por lo que dejaron de ser. Veo a padres mirando el vidrio de sus celulares intentando ahogar en la pantalla su aburrimiento.

Veo banderas, huele a limpio, toco el aire lleno de excitación, dicen ser un día importante. Hablan de amor. Suena un himno. Suena una promesa. Veo banderas. Siento sueños. Huele a inocencia. Gritos estúpidos interrumpen el protocolo. Valoro el silencio previo.

Amor, orgullo, avisos sobre el dolor que causará la ausencia. Los adultos lloramos cuando la rutina desaparece. Y niños ríen. Y niños cantan. Y a las maestras se les pierde la voz. Familias, sonrisas, ilusiones. En viernes es más fácil vencer las tristezas y los miedos. Lo malo es que en tres días será lunes y me la cobrará; al menos tengo dos días para gozar, para vivir.

Gozos, abrazos, tan fácil y barato que es decir te amo a esa edad. Las maestras con facilidad expresan su amor llenas de llanto. Quizá en esa profesión se ame mucho, benditas ellas.  Veo niños y recuerdo el salón de actos de mi primaria, en donde recibí diplomas, bailé, actué, canté. Recuerdo el niño que fui, y dudo si lo que soy ahora es lo que soñé entonces. Sueños rotos por mucho tiempo, luego ausencia de ellos. Aún no entiendo qué es mejor: el dolor de un sueño no alcanzado, o no soñar nada. Me da miedo que, se me aparezca el niño que fui y me pregunte quien soy, que me reclame por qué le he fallado. Quiero ser fuerte y poderoso como la inocencia.

Suenan aplausos, suenan porras, suenan gritos fuera de lugar, hechos por padres trastornados. Pero los niños callan. Hoy no hay burlas. Hoy todos son más amigos. Hoy todos se ven tiernamente. Es el único día del año que una maestra y la encargada de la limpieza sonríen, aunque sea de manera falsa, hoy logran esbozar dos sonrisas. Hoy todo es más fácil. El silencio es más fácil. Cantar es más emocionante. Hoy todo es más fácil, es una mañana de graduación.

El piano de Bill Withers revienta el lugar con Lean on me , mientras proyectan un video lleno de chantajes en forma de fotografías. Yo prefería que en el estrado estuviera Dave Matthews Band cantando Funny the way it is. Que todos los niños se pusieran de pie, que bailaran como sólo a esa edad lo puedes hacer. Que sonrían como sólo a esa edad se puede hacer. Que yo pudiera correr frente a todos ellos y les viera sus sonrisas, les viera la esperanza. Que esa paz que tienen me llenara de energía, para bailar, para brincar como ellos, sin ver hacia atrás, solo viendo hacia mí. Que me contagiaran de su alegría para ver lo que tengo y no lo que me falta. Pero no, Dave Matthews Band, no está hoy aquí. Y yo sigo sentado y callado. Ahora, el video sigue con la canción de algún asiático, los mismos niños que imaginé que bailábamos juntos, ahora cantan emocionados esa nueva canción. Por algo la nombran inocencia. Extraño que se emocionen tanto con una canción. Intento recordar alguna canción que me hubiera causado ese sentimiento, pero un extraño dolor en mi corazón me distrae. Siento como si el corazón se encogiera, como si se quisiera detener para no sufrir, o como si quisiera gritar para estar en paz. No lo dejo hacer ninguna de las dos. Cierro los ojos y aprieto el abdomen. Ahora los niños cantan You gonna miss me when I’m gone de Anna Kendrick. Yo capto que no se tienen que ir para ser extrañados. Un silencio, y luego un ataque de aplausos inundan el lugar. Dicen que ahora los niños son otros, que iniciarán una etapa nueva en donde todo será diferente. Yo veo como el sol entra por la ventana del gimnasio, como todas las mañanas, es el mismo sol, son los mismos rayos. A fin de cuentas, no pasa nada, todo sigue igual.

Kato Gutiérrez © 2013

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