Acto VII Hiper Jam en MARCO

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(Texto improvisado en el Hiper Jam en Museo MARCO)

Cuando muera quiero volver a este museo, a esta noche, a verte a ti, y ver como tus rizos se pierden en las sombras de los muros. Recordaré cada rastro que me deje tu cuerpo esta noche.

Iré a cada rincón, me camuflajearé en cada pintura, quedaré inmóvil en los muros. Que termine el cosmos esta noche, aquí, por ti. Ciento sesenta tres mil años luz deseándote. Que vea en la oscuridad, que me ciegue la luz.
Que siempre te pueda recordar.

Que algo de ti se quede aquí siempre. Todos los sonidos del agua son tus besos. Todos los rayos de sol, tus brazos. El silencio, nuestros gemidos. Las columnas tu voluntad. Que siempre te pueda recordar.

Caminaré entre todos los visitantes, te buscaré entre cada uno de ellos, buscaré tus rizos, veré cada cara, cada cadera para no fallar. ¡Que siempre te pueda recordar! Volaré en la soledad de estos techos para buscarte, recrearte como te ves hoy, aquí, está noche con ese vestido negro.

Volveré a cada rincón, empujaré cada mosaico bajo el agua, hasta encontrar el pasadizo que me lleve a ti. Pasaré noches eternas buscando tu brillo. ¡Tu brillo! Que siempre te pueda recordar.

¡Tócame! ¡Mírame! ¡Sálvame! Me arden los recuerdos de tantas tardes de sol, el recuerdo de ti hoy, aquí, esta noche y ver como creas una sonrisa gigantesca como un amanecer. Que las paredes carguen nuestros recuerdos, sin importar lo que carguen ahorita. Que ahí se proyecten nuestras sombras rozándose.

¿Cómo iba a yo saber? ¿Cómo iba yo a saber que al terminar cada beso acababa el aire del planeta? ¿Cómo iba  a saber que solo sus besos eran así? ¿Cómo iba a saber que el cosmos acababa con ella? ¿Cómo iba a saber que no era normal sentirme dios al verte?

Que lluevan estrellas.
Que lluevan estrellas para ti.
Que siempre te pueda recordar.
Que cuando muera, vuelva a este museo, a esta noche y pueda besarte.

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz.
Instagram/Spotify: katogtz
@mrkato

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Revivir

13307281_10156905161690487_1530774110185234014_n(Texto hecho en el Jam de improvisación literaria del Tedx Garza García, 28-05-16)

Y reclamas. Y buscas la realidad en la pantalla de tú móvil. No paras de perseguir sin saber un carajo qué es lo que buscas.

Y gritas. ¡Gritas! Buscas a tu dios entre el cielo lleno de smog. Le miras, según tú. Que fácil era ser feliz en el pasado. ¿De qué se trata esto? ¿Es de dar vueltas hasta aprender? ¿Es de renacer?

Estoy seguro de que la vida en el viejo oeste era más fácil. Simple. La incertidumbre de morir al siguiente segundo los hacía disfrutar el momento. Si estaban en el bar, a tomar, en la cama a coger, buscando el tesoro a palear, en un duelo a muerte a jalar el gatillo. A disfrutar el momento, que en cualquier instante llegaba una peste del Atlántico, o una diarrea colectiva acababa con el pueblo. El momento, sin olvidar la noche previa con la pelirroja del bar. A tomar para aguantar el calor, para aguantar la música repetitiva del piano pinche del bar, para aguantar a que la pelirroja desocupara el cuarto de arriba, simple.

¿Y hoy? Estás hasta la madre de todo. Del caos. De la información, de la indiferencia. De las sonrisas y los amores falsos. Ya nadie ve a los ojos. Todos buscan tesoros. Hoy la pelirroja te engaña y puede ser hombre. Hoy las pestes llegan en un saludo, en un estornudo, en una cogida. Pero vale madre. No nos pasa nada. Y pensar que de niño me enseñaron a esperar dos horas de digestión antes de entrar a la alberca. Y hoy no puedes dejar de textear al conducir. Hoy haces el café desde una app en tu cuarto. El auto se enciende de forma automática para recibirte con la temperatura ideal. ¿Más bárbaros ahora? No sé. Sé que no quiero acabar en una clínica del IMSS. Sé que el dinero no ocupa digestión, ni tampoco la ilusión estúpida. Duele la corrupción.

En la siguiente década viajar en camión será lo más chic. Aquí va el dato a los gurus, a los Masters: Extra High Vip Super Extreme Class Bus. Así en inglés, para que se escuche más mamón, para que guste más. Todos los servicios que quieras. Bailarines, masajistas, sacerdotes confesando al tres por dos, dentistas que quiten caries. Terapia matrimonial. ¡No mames! Como no se nos ha ocurrido. Televisiones por todos lados. Todo tipo de bebidas. La película que quieras. Una máquina de sentimientos. No tienes que llegar dos horas antes.Vendedores de ilusiones, de saldos, de amigos. Lo que sea por tu dinero. Ruido para no pensar. Ruido para no sentir. Que re suene el rock and roll, Van Halen, o el piano. Audífonos que te aíslen. Asientos separados, con un botón solicitas la amistad al de al lado. A eso ya estás acostumbrado. A darle click al pinche botón.

Y quieres salir en la pantalla del estadio. Y quieres ganar la lotería. Y quieres trabajar menos y viajar más. Milenials, x, Boomers, todos con los mismos males. Hasta que entendemos que hay dolores que no se curan con el tiempo. Y te acuerdas de ella. E imaginas un sábado sin ella. Si supieras lo equivocado que estás. Si supieras por cuantos pulmones ha pasado ese aire, por cuantas bocas sus labios.

Dos horas de digestión. Pero no haces nada. Dos horas sin textear, dos sin celular, dos sin sexo, dos horas pensando en ti, dos horas de revolución, de hueva. Dos horas que te cambien la vida. Dos horas en que no te mueras. Dos horas sin pensar, sin sentir. A eso ya estás acostumbrado. Dos horas recitando un poema sobre la libertad. Dos horas sobre sus caderas. Ciento veinte minutos recordando su clavícula. Siete mil doscientos segundos besándola.

No finjas más. Temes al amor, y amas el temor. Minimizas el tiempo, y cuatro segundos te pueden cambiar la vida. ¿Qué peor vacío que no sentir?

Esperas el gran terremoto, la gran peste, pero lo haces con indiferencia. Al parecer nunca estás donde deseas, al parecer esperas que la pantalla del móvil cambie tu realidad. Que el alcohol nos ayude a olvidar, el tiempo a sanar.

Que siempre huelas jazmines.
Que los orgasmos te sorprendan
Que tristes zopilotes defequen sobre la gente que camina viendo el celular.
Que en cada exhalación renazcas, que cada mañana revivas.

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz
@mrkato

Aprenderé a besar en Canada

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Ay, no manches. Otro verano que ya casi termina. Falta, tipo, solo un mes para irme a Canada y aún tengo miles de cosas por hacer. Nadie me ha enseñado a besar. No sé que sentiré cuando lo haga por primera vez. Por más que intento, no recuerdo cuando pedí este viaje a mis papás. Dicen que fue idea mía. Yo ni me acuerdo lo que hice la semana pasada, pero que bueno que por fin me dan algo de lo que les pido.

Por un lado está bien irme tanto tiempo, aunque un año es muchísimo, estaré libre de mis hermanas, ya no pelearé con ellas. Supongo que con la familia que llegue tendré mi propio cuarto. Ojalá sea una mansión enorme, con sirvientes, con jardines, con albercas, con una cancha de tenis. Que tengan autos deportivos, y que alguno de los hijos sea guapísimo. A lo mejor mi primer novio es el mejor jugador de equipo de basquet de la escuela, como en las películas.

Llevo dos noches que sueño que me persiguen dinosaurios rosas. Nunca he besado a nadie. Que vergüenza llegar a Canada a los diecisiete años sin saber besar. No importa, allá aprenderé. Que bueno que me voy, no sé bien a qué, pero lo que sea con tal de salir de Monterrey. Me da flojera ya empezar con la universidad, y tener pendientes y responsabilidades, y tener que sonreír y ser educada, y ser amable y seguir viendo a la misma gente. Todos son iguales. Todos son los mismos. No importa de que colegio o colonia sean, todos hablan de lo mismo. No entiendo a Marcela que siempre sonríe, siempre tan feliz, siempre con novios y amigos. No sé que la hace tan feliz. Yo ya contaba los días para terminar la Prepa, ya no soportaba ver las mismas caras de los últimos tres años.

No sé porque se me pasan los días tan rápido. Mi mamá no me deja dormir tarde, eso me molesta muchísimo. Últimamente no nos entendemos en nada. No le importa que he mejorado en la limpieza de mi cuarto, ni que ya tiendo la cama casi todos los días, no, eso no le importa, siempre me critica con lo que no hago.

Llevo dos semanas en que me despierto justo a las cuatro de la mañana con cuatro minutos. Las chicharras suenan fuertísimo a esas horas. Mis hermanas están dormidas en sus camas, aunque capaz que una de ellas me avienta algo para despertarme, por chistosa, o por molestar. Escucho como el sanitario tira agua. A lo mejor, Tití va al baño a esas horas.

Me he levantado alguna de esas madrugadas, y me acerco a la ventana. Veo con algo de miedo hacia el jardín, a veces alucino que estará inundado de chicharras. Pero no, no veo ninguna chicharra. Un día vi pasar un tlacuache y me dio mucho asco. Esa noche ya no me pude volver a dormir.

Me acuerdo cuando me emocionaba con las flores que salían en el jardín, corría por la cámara Canon de mi papá y rezaba porque tuviera espacio para tomar algunas fotos. Le tomaba a las que mejor color tuvieran. Incluso tenía una esquina que me gustaba decir que era mi esquina. Ahí estaba las mejores flores, ahí regaba con mucha ilusión todos los días de verano. Ahí soñaba con mi primer novio. Ahí juraba que iba a poner una banca, o pedirle a mi papá que pusiera una. Pero nunca lo hice. Ya ni recuerdo como nombraba esa esquina. Ya ni recuerdo cuando caminaba ahí con mi papá. Ya ni recuerdo de qué hablábamos. Creo que en este verano solo en la fiesta de mi cumpleaños estuve ahí afuera.

Ya estoy harta de lo Regios. Todos se visten iguales. Hablan de la misma manera. Todos cuentan las mismas mentiras. Todos presumen lo mismo. Hasta creo que compran las flores, tarjetas y chocolates en la misma tienda. Los chavos son tan predecibles que en seis ocasiones me han regalado la misma tarjeta, seis chavos diferentes eligieron la misma tarjeta. ¡La misma en blanco y negro! De una pareja tomada de la mano sobre un puente en París. ¡Por Dios! Cero originales.Y mis amigas iguales. Hablan de lo mismo, solo esperan el fin de semana para ir al Privatt. Presumen cual es el gimnasio con la mejor instructora de Cross Fit, y se pasan midiendo su cuerpo. Yo nunca he medido mi cuerpo, no necesito hacerlo. Sé que estoy guapa, y ya eso me es suficiente. Mientras se me sigan amontonando las rosas que me regalan, todo estará bien.

Tengo que ponerme de acuerdo con mis hermanas para a ver si me pueden llevar al consulado de Canada, tengo que llevar unos papeles y llenar unas formas. Ojalá que mejor me lleve mi mamá, para que ella haga todo eso.

No me importa si no sé bien lo que esperan mis papás de este viaje, de este año, de mí, lo que me tiene super emocionada es que estaré libre para hacer todo lo que quiera. Aquí voy Canada, aquí voy. Ya estas semanas se me irán muy rápido, tengo muchas despedidas mías y de varias amigas y amigos que también se van de intercambio, así que, es muy bueno ser joven. Es el tiempo para divertirnos, ¿no?

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz
@mrkato

 

 

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

El maldito amor

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Dicen que ni cuando más odiamos dejamos de amar. Con razón no te puedo olvidar. Me robaste la paz. Lamento no haberte abrazado más. Y ahora tengo que aguantar sin ti este invierno, cuando la gente es más patética. Fingen más, mienten más, pretenden ser felices. No le confío mucho al invierno.

Dicen que hay gente que se sube a los aviones sólo para no tener conexión a Internet. Otros trabajan para no estar en casa, o duermen para no sentir. Hay quien se baña a oscuras para no verse. Quien corre para llegar, otros para huir. Gritan para ser escuchados, otros para oír. Comen por dolor deseando morir de hambre. Buscan estáticos con los ojos cerrados deseando que el viento les traiga la fortuna, el gozo, el amor. El delgado y sensible amor. Besan para sentir. Dicen tonterías como: Lucharé por el amor. No hay frase más aberrante. Por el amor no se pelea. Pretenden ser merecedores fingiendo sonrisas, actuando poses, recitando versos de memoria.

¿Qué mas paz que el impacto de tus labios? ¿Qué más armonía que el choque de nuestras miradas? ¿Qué más quietud que mi mano en tu cadera? ¿Qué más euforia que mi boca en tu clavícula? ¿Qué más paz que el amor? ¿Qué peor revolución que quererte? ¿Qué peor frenesí que desearte? ¿Qué peor terremoto que tu abrazo? ¿Qué más terco que el amor?

¿Qué más amor que dos cuerpos colapsándose? ¿Qué más bipolar, equivocado y acertado que el amor? Llega tarde, llega a tiempo, no llega. Lo buscan, lo esperan. Le lloran, le gritan, le sonríen, le agradecen, le reclaman. Es sentido, es callado, tímido. Nunca habla, aunque se sienten sus gritos. Pocas veces certero, no es razonable, ni permite hacer juicios. Nunca hay explicaciones ni motivos. La razón lo odia.

El amor es pacífico a pesar de que te golpea. Es educado a pesar de que nunca pregunta cuando puede llegar ni respeta leyes humanas. Aturde y da paz a la vez. En el mismo instante arde y cura. Dulce y agrio. Es como un super héroe, está en todos lados. Creador de poetas. Provoca incompetencia al hablar. A varios ha dejado mudos. Como mal doctor, ha dejado enfermos a muchos, locos a miles. Se desconoce sus fronteras. Es como un mago, como un creador de enigmas, de misterios, de realidades. Nubla. Quita el hambre. Saca el sol. Aturde. No se sabe como ni cuando termina. Se desconoce dónde nace, y dónde está. Todos lo quieren aunque no lo reconozcan. Hay quienes escriben para atraerlo, pero el amor es vanidoso. Va o llega o viene sólo cuando quiere. Nunca nadie lo ha controlado. Es el toro más bravo, el oso más loco, el colibrí más veloz, la cebra más bipolar.

Lo buscan creando música, cantando, bailando, tocándose, recitando, besando, actuando, mintiendo, cogiendo. ¿Qué más poder que el de tus ojos? Causa insomnio. Arde dulcemente. Se diluye. Explota. Se multiplica. Ataca. Espera. Se escurre. Nunca se puede fingir. No sirven las explicaciones. Es como un giro eterno. Tornado de amor. Torbellino eterno e instantáneo. Ladrón de cerebros. No hay escapatoria. Es dar y recibir. Es energético y anestésico. Es el frío y el calor.

Es tan raro como gozar de dolor y sufrir de placer. Es tan raro como una flor en la cumbre o un diamante en el espacio. No es una competencia. No se vende. Se reinventa en cada caricia. No limita ni encierra. El amor libera, provoca. Mueve montañas. Tan loco, tan raro. Tan popular y tan solitario. Tan famoso y tan callado. Causa llantos y sonrisas. Hace llover. Crea soles y lunas. Es un dios. Dice palabras precisas. Acerca el cielo y amplía el sol. Genera millones de estrellas. Revuelve estómagos. Disturba juicios, aturde razones. Como tú. Como tus ojos. Como tu cadera. ¿Eres tú el amor? ¡Anímate! ¡Acércate! O al menos no te muevas. Ahí voy. No me dejes de ver. ¿Eres tú el amor? Déjame tocarte, ahógame. Déjame escribirte, gritarte, tenerte. No puedo sin tus abrazos que traen lava, sin tus soles ni tus lunas. Sin tus guirnaldas de estrellas. El amor no debe mentir, mejor que calle, que no conteste, que no explique nada con tal de que pueda embarrar mi boca en la tuya, todo lo demás no importa. No importa no entender nada. Con tenerte tengo todo. Todo el poder en tu caricia. Todo el tiempo. Toda la eternidad merece si te toco.

Kato Gutiérrez © 2015
FB: Kato Gtz
@mrkato

 

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphoto.net

Presentación Cuatro Segundos en Feria del Libro Monterrey

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Me invitaron a presentar mi novela, Cuatro Segundos, en el día inaugural de la Feria Internacional del Libro Monterrey, lo cual me tiene muy emocionado.

Hace años era difícil imaginarme ahí, ahora ahí estaré, en mi Feria, en mi Monterrey. Será una tarde memorable, me presentarán Gabriela Riveros y Felipe Montes.

Cuatro Segundos es una novela pop, contemporánea, trepidante, en donde Luca ansía encontrarle sentido a su extraña y vertiginosa existencia cuando descubre lo que sucede si ve a los ojos a alguien durante cuatro segundos.

Sería genial que me acompañes ese día, para con abrazos seguir tentando al destino.

 

Kato Gutiérrez

Parque temático

 

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Estás en un McDonald´s de Florida sobreviviendo al olor a grasa y las mesas pegosteosas. Papeles de popotes tirados en el piso. Recipientes de cartón con salsa Catsup, la cual tiene más de cuarenta y ocho ingredientes ni uno de ellos natural. Una televisión cuelga de una esquina, para estar acorde a lo decadente del lugar tiene que estar un noticiero local escupiendo nota roja mucho más rápido de lo que cualquier cerebro promedio puede procesar. Te dan ganas de salir corriendo y perderte en el primer bosque que encuentres, o hundirte en el primer pantano con la esperanza de sentir una mordida pronto en alguna extremidad. Al menos eso sería real. Al menos te haría sentir algo diferente. En la televisión un gordo enorme al menos  talla 5XL, protesta por el maltrato a los animales, se le inflama más el cuello cuando grita con coraje a pesar de tener un micrófono frente a su boca. Grita y grita, pide respeto a sus gatos, las mejillas rojas. Grita, y reclama. ¿Que habrá cenado? ¿Habrá desayunado en este McDonald´s? ¿Será vegano? Bloquean la avenida, la reportera esta excitada mencionando que es el primer bloqueo en la historia de Florida. Ha de haber un chilango en el grupo dándoles todo el insight. Te arrepientes de haber pedido café.

Un hombre se mete en la fila del baño para orinar. Se le adelantó a tres niños. Sale sin lavarse las manos, se encuentra afuera con su maravillosa familia a quien abraza afectuosamente.

En los estacionamientos de los parques temáticos abuelos son los que acomodan los autos con un orden y precisión absoluta. Usan un chaleco amarillo fosforescente, traen colgado en su cintura una botella con agua, la cual les dura fresca solamente treinta minutos. Pobres abuelos, ellos habían soñado terminar en Florida jugando golf, y acabaron de viene viene del primer mundo. Benditos abuelos, todos los días en el sol, haciendo algo por lo que les pagan. Uno que otro loco hasta lo disfruta, hasta se preocupa por los consumidores, hasta es amable, hasta da información interesante del parque, hasta sonríe, hasta habla español.

Filas, filas cagantes. ¿Cómo no te caga hacer lo mismo que la mayoría? Gente brotando de cualquier pozo de cualquier esquina. Decadencia colectiva. El mundo a los cuarenta años es tan real y frío. Es tan mamón que destroza toda la fantasía de los recuerdos de los años maravillosos.

Tumultos, filas, masas, calor. ¿Cuánto por un VIP? Te vale madre. Ni humor para desear. Ni humor para buscar piernas o bustos. Un souvenir que te recuerde ¿qué? Fastpass al alma.

No mames, no sueltan el celular. Dedos duros y amaestrados, les controlan todo su ser. Donde están siempre es menos importante que lo que hay en la puta pantalla de cristal.

Aguanta, no tomes, toma. Convence, convéncete que el desfile de la noche los hará mejor personas. Unos foquitos que evocarán otra década, que rascará en tu memoria, que jalara una o dos sonrisitas. Una música chantajista, que está en algún rincón de ti, de esos pocos rincones reales y felices. Unos fuegos artificiales que te levanten el ánimo y la cara. Que las explosiones multicolores te recuerden a ti cuando no negociabas las sonrisas. Un castillo de tablaroca. Un castillo vacío. Un castillo mágico, como tú.

Una, dos, tres botargas. Un mitad perro, mitad vaca, o mitad humano. Una foto con él, para que le encuentres similitudes o diferencias contigo, mitad tu, mitad nada.

Dicen que ese es Kevin Costner y aquel Harrison Ford. Si yo fuera ellos, no estaría aquí.

Toca, toca, corre, tómate un litro de azúcar negra. Compra lo que sea, las orejas, los bloqueadores, los diarios, lo que sea, compra, come, corre. Gasta, no pienses. Que la fantasía del potente aire acondicionado  y la música de fondo te cambie tu gris realidad llena de rutinas y de mierda. Que una botarga te toque, que un cohete te ilumine. Que una cerveza te haga olvidar, soñar o sentir. Apocalipsis total. Que vuelen las palomas, que defequen en tus hombros, sobre tus ojos, que la mierda te ciegue, y que en la oscuridad encuentres todo lo que has olvidado, o perdido.

Que un orgasmo mañanero te anestesie para soportar el día. Que la lluvia diaria, cada vez más ácida queme tu poncho de veinte dólares, hecho en China por veinte centavos. Que te queme la piel, que te ahogue el ansia por no sentir, por no recordar lo que te hacía feliz o lo que te engañó hace años.

Ahora ves precios, riesgos, tiempos de espera, los avisos de posibles riesgos, las redes de seguridad, las veces en que el cantante no canta. Que te tropieces con una botella, que caigas de boca sobre algún barandal de acero pintado de rojo, que se te rompan los dientes, que no haya super héroe que pueda salvarte. Que Trump siga diciendo estupideces, que por fin algo nos una en realidad.

Que lo colectivo te arda. Que soportes cualquier tipo de café con tal de que te permita aguantar el día. Que el Starbucks te deje en paz. Que lo que necesites sea sólo agua. Que cada instante nazcas poco a poco. Que tus exhalaciones sean marginales. Que el vuelo salga a tiempo. Que el vuelo no se retrase más de noventa minutos. Que el piloto no se haya desvelado. Que la aeromoza haya sido infiel, que los moretones que trae ojalá fueran de maquillaje. Que tus poderes nunca mueran. Que nunca entiendas lo difícil que es sonreír solo. Que sonrías sin alcohol, sin sed, que sonrías en un lunes lluvioso.

Que nunca dejes de extrañarla. Que te duela cada exhalación. Que su aroma te ahogue. Que su recuerdo sea tu fantasma particular. Que un super héroe te ignore y quedes atorado en telarañas. Que sin ella solo puedas sobrevivir el día con cuatro Rivotriles encima.

Que un desconocido te detenga y te quiera abrazar, besar y tocar. Que todo sea diferente. Que los hubieras te maten, mejor que solo te acosen y no te abandonen jamás. Que una carta te atormente. Que una llamada en la madrugada te despierte y que nunca jamás puedas volver a dormir. Que un piano retumbe en plena madrugada, y siga así todas tus madrugadas.

Que el piloto no haya tomado.

Que el de la botarga esté sonriendo abajo de la máscara.

Que puedas desearla, que sea lo único que puedas hacer.

Que los popotes fueran de cartón y los palillos de oro.

Que siempre hubiera música de fondo.

Que encuentres unos ojos que no mientan, unos que lo único que busquen sean los tuyos.

Que una vieja carta te atormente. Que una foto que hubiera cambiado tu vida aparezca treinta años después. Que puedas volver al futuro. Que allá la puedas volver a tocar y hacerla gemir. Que se vuelvan a encontrar. Que grites a plena luz del día. Que un juego de mesa te haga parecer que tu vida es interesante. Que detestes los bufetes. Que no te falten vinos. Que un carbón te ahume. Que sientas el dolor de un beso interrumpido. Que te pierdas en una línea blanca. Que aparezcas sentado en el centro de una oscura pista de hielo. Que el silencio de un estadio vacío te aturda. Que agaches la mirada. Que el sol te queme. Que no te duela nada.

Kato Gutiérrez © 2015
@mrkato

 

Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net