El choque

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Hoy vi un choque. Una camioneta pick up pequeña me cerró, se metió sin ningún aviso. Frené. Ni alcancé a tocar el claxón. Siguió su ruta inclinada e invadió el siguiente carril. Una Suburban enorme, brillante y nueva, no frenó y chocaron de lado.

No pude evitarlo y sonreí. Por pendejo el de la pick up. Me ahorré una mentada de madre. Ahora quien maldecía era el conductor de la Suburban. Se bajó con la cara roja, caminaba con los brazos separados del cuerpo, como si trajera las axilas rosadas. ¿Qué te pasa, pendejo? Alcancé a leerle en sus labios. Movía sus brazos como diputado dando un discurso.Y sonreí más. El de la pick up decía: Ay, cabrón. Y yo pensaba que me había librado por algunos segundos.

Si me hubiera cambiado de carril antes, si me hubiera levantado a la primera, si no me hubiera lavado los dientes, si no hubiera puesto Spotify antes de salir, yo hubiera sido el de la Suburban. Yo hubiera sido él. Yo estaría diciendo: ¿Qué te pasa, pendejo? Con mi cara de dragón y mis cachetes rojos. Yo hubiera sido él.

Ahí estaban las dos camionetas blancas, tocándose, atoradas, de lado. Como si un imán las uniera. Los dos conductores maldecían. Yo sonreía. Me acordé como se ven mis piernas entre las tuyas. Volví a sonreír. Por pendejos los dos.

Kato Gutiérrez © 2018

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Acto VII Hiper Jam en MARCO

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(Texto improvisado en el Hiper Jam en Museo MARCO)

Cuando muera quiero volver a este museo, a esta noche, a verte a ti, y ver como tus rizos se pierden en las sombras de los muros. Recordaré cada rastro que me deje tu cuerpo esta noche.

Iré a cada rincón, me camuflajearé en cada pintura, quedaré inmóvil en los muros. Que termine el cosmos esta noche, aquí, por ti. Ciento sesenta tres mil años luz deseándote. Que vea en la oscuridad, que me ciegue la luz.
Que siempre te pueda recordar.

Que algo de ti se quede aquí siempre. Todos los sonidos del agua son tus besos. Todos los rayos de sol, tus brazos. El silencio, nuestros gemidos. Las columnas tu voluntad. Que siempre te pueda recordar.

Caminaré entre todos los visitantes, te buscaré entre cada uno de ellos, buscaré tus rizos, veré cada cara, cada cadera para no fallar. ¡Que siempre te pueda recordar! Volaré en la soledad de estos techos para buscarte, recrearte como te ves hoy, aquí, está noche con ese vestido negro.

Volveré a cada rincón, empujaré cada mosaico bajo el agua, hasta encontrar el pasadizo que me lleve a ti. Pasaré noches eternas buscando tu brillo. ¡Tu brillo! Que siempre te pueda recordar.

¡Tócame! ¡Mírame! ¡Sálvame! Me arden los recuerdos de tantas tardes de sol, el recuerdo de ti hoy, aquí, esta noche y ver como creas una sonrisa gigantesca como un amanecer. Que las paredes carguen nuestros recuerdos, sin importar lo que carguen ahorita. Que ahí se proyecten nuestras sombras rozándose.

¿Cómo iba a yo saber? ¿Cómo iba yo a saber que al terminar cada beso acababa el aire del planeta? ¿Cómo iba  a saber que solo sus besos eran así? ¿Cómo iba a saber que el cosmos acababa con ella? ¿Cómo iba a saber que no era normal sentirme dios al verte?

Que lluevan estrellas.
Que lluevan estrellas para ti.
Que siempre te pueda recordar.
Que cuando muera, vuelva a este museo, a esta noche y pueda besarte.

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz.
Instagram/Spotify: katogtz
@mrkato

Revivir

13307281_10156905161690487_1530774110185234014_n(Texto hecho en el Jam de improvisación literaria del Tedx Garza García, 28-05-16)

Y reclamas. Y buscas la realidad en la pantalla de tú móvil. No paras de perseguir sin saber un carajo qué es lo que buscas.

Y gritas. ¡Gritas! Buscas a tu dios entre el cielo lleno de smog. Le miras, según tú. Que fácil era ser feliz en el pasado. ¿De qué se trata esto? ¿Es de dar vueltas hasta aprender? ¿Es de renacer?

Estoy seguro de que la vida en el viejo oeste era más fácil. Simple. La incertidumbre de morir al siguiente segundo los hacía disfrutar el momento. Si estaban en el bar, a tomar, en la cama a coger, buscando el tesoro a palear, en un duelo a muerte a jalar el gatillo. A disfrutar el momento, que en cualquier instante llegaba una peste del Atlántico, o una diarrea colectiva acababa con el pueblo. El momento, sin olvidar la noche previa con la pelirroja del bar. A tomar para aguantar el calor, para aguantar la música repetitiva del piano pinche del bar, para aguantar a que la pelirroja desocupara el cuarto de arriba, simple.

¿Y hoy? Estás hasta la madre de todo. Del caos. De la información, de la indiferencia. De las sonrisas y los amores falsos. Ya nadie ve a los ojos. Todos buscan tesoros. Hoy la pelirroja te engaña y puede ser hombre. Hoy las pestes llegan en un saludo, en un estornudo, en una cogida. Pero vale madre. No nos pasa nada. Y pensar que de niño me enseñaron a esperar dos horas de digestión antes de entrar a la alberca. Y hoy no puedes dejar de textear al conducir. Hoy haces el café desde una app en tu cuarto. El auto se enciende de forma automática para recibirte con la temperatura ideal. ¿Más bárbaros ahora? No sé. Sé que no quiero acabar en una clínica del IMSS. Sé que el dinero no ocupa digestión, ni tampoco la ilusión estúpida. Duele la corrupción.

En la siguiente década viajar en camión será lo más chic. Aquí va el dato a los gurus, a los Masters: Extra High Vip Super Extreme Class Bus. Así en inglés, para que se escuche más mamón, para que guste más. Todos los servicios que quieras. Bailarines, masajistas, sacerdotes confesando al tres por dos, dentistas que quiten caries. Terapia matrimonial. ¡No mames! Como no se nos ha ocurrido. Televisiones por todos lados. Todo tipo de bebidas. La película que quieras. Una máquina de sentimientos. No tienes que llegar dos horas antes.Vendedores de ilusiones, de saldos, de amigos. Lo que sea por tu dinero. Ruido para no pensar. Ruido para no sentir. Que re suene el rock and roll, Van Halen, o el piano. Audífonos que te aíslen. Asientos separados, con un botón solicitas la amistad al de al lado. A eso ya estás acostumbrado. A darle click al pinche botón.

Y quieres salir en la pantalla del estadio. Y quieres ganar la lotería. Y quieres trabajar menos y viajar más. Milenials, x, Boomers, todos con los mismos males. Hasta que entendemos que hay dolores que no se curan con el tiempo. Y te acuerdas de ella. E imaginas un sábado sin ella. Si supieras lo equivocado que estás. Si supieras por cuantos pulmones ha pasado ese aire, por cuantas bocas sus labios.

Dos horas de digestión. Pero no haces nada. Dos horas sin textear, dos sin celular, dos sin sexo, dos horas pensando en ti, dos horas de revolución, de hueva. Dos horas que te cambien la vida. Dos horas en que no te mueras. Dos horas sin pensar, sin sentir. A eso ya estás acostumbrado. Dos horas recitando un poema sobre la libertad. Dos horas sobre sus caderas. Ciento veinte minutos recordando su clavícula. Siete mil doscientos segundos besándola.

No finjas más. Temes al amor, y amas el temor. Minimizas el tiempo, y cuatro segundos te pueden cambiar la vida. ¿Qué peor vacío que no sentir?

Esperas el gran terremoto, la gran peste, pero lo haces con indiferencia. Al parecer nunca estás donde deseas, al parecer esperas que la pantalla del móvil cambie tu realidad. Que el alcohol nos ayude a olvidar, el tiempo a sanar.

Que siempre huelas jazmines.
Que los orgasmos te sorprendan
Que tristes zopilotes defequen sobre la gente que camina viendo el celular.
Que en cada exhalación renazcas, que cada mañana revivas.

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz
@mrkato