NO ME VAS A CREER

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No me vas a creer que a veces grito en silencio.
Que ya me cansé de escupir a las paredes, de mirar con temor.
Dicen que estamos en sincronía, pero es sólo el miedo a morir que nos engaña,
o nos seduce. Leí que lo que arde es el luto colectivo.
Mis manos raspan y se adelgazan.
Los moteles vacíos. Los dílers con tapabocas y guantes.
Toca y vete. Toma y lleva.
El precio de la gasolina baja, y el de la cerveza sube.
Mercado negro de toallas con cloro.
No me lo vas a creer que veces, sólo a veces, nos ponemos de acuerdo. Bien decía mi abuelo que el miedo es carancho.
Las leyes se resquebrajan. Los gobiernos dan ruedas de prensa que parecen sketches mediocres de los setentas. Payasos dan noticias en la tele. Nos regalan el miedo envueltos en dulces de chocolate. Chupaletas con cocaína.
Ponemos doble llave, candados y cadenas. Recuerdo al Caballo de Troya y a Saramago.
No me lo vas a creer que un virus nos controló. Nos alejó. Nos unió.
Corrieron por papel del baño, por agua, por alcohol para tomar y para las manos.
Nos dicen que pensemos en los demás, pero no sabemos hacerlo.
Te juro que escucho carcajadas. Las playas vacías, como antes, como nunca, como el inicio. Te juro que odio los domingos. Que nos dejó de importar la contaminación y el tráfico. Que estaríamos dementes sin internet. El miedo es lo único que nos une. No, no era el fútbol, ni la Coca Cola, ni las fronteras. No era el amor, ni el sexo. Changos sonríen en las selvas. Elefantes fornican despreocupados.
Las cerveceras hacen gel. Las fábricas hacen gel. Los fabricantes de condones, pastillas, refrescos y alimentos hacen gel. Las plantas de autos hacen ventiladores. Tutoriales de fabricación de bombas molotov, bombas nucleares y de ventiladores en YouTube. También hay cartas de amor.
Extraño las noches con velas. Maldito Sabina vidente, ya nos robaron al mes de abril a todos. No ha sucedido pero ya nos lo quitaron. Como tus besos. Como tú aroma. Ahora puedo ver las estrellas y no me importa. Extraño como olían los sábados. Ahora todos los días huelen igual.
Te lo juro que ahora todo se parece.
Kato Gutiérrez, ®2020

El choque

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Hoy vi un choque. Una camioneta pick up pequeña me cerró, se metió sin ningún aviso. Frené. Ni alcancé a tocar el claxón. Siguió su ruta inclinada e invadió el siguiente carril. Una Suburban enorme, brillante y nueva, no frenó y chocaron de lado.

No pude evitarlo y sonreí. Por pendejo el de la pick up. Me ahorré una mentada de madre. Ahora quien maldecía era el conductor de la Suburban. Se bajó con la cara roja, caminaba con los brazos separados del cuerpo, como si trajera las axilas rosadas. ¿Qué te pasa, pendejo? Alcancé a leerle en sus labios. Movía sus brazos como diputado dando un discurso.Y sonreí más. El de la pick up decía: Ay, cabrón. Y yo pensaba que me había librado por algunos segundos.

Si me hubiera cambiado de carril antes, si me hubiera levantado a la primera, si no me hubiera lavado los dientes, si no hubiera puesto Spotify antes de salir, yo hubiera sido el de la Suburban. Yo hubiera sido él. Yo estaría diciendo: ¿Qué te pasa, pendejo? Con mi cara de dragón y mis cachetes rojos. Yo hubiera sido él.

Ahí estaban las dos camionetas blancas, tocándose, atoradas, de lado. Como si un imán las uniera. Los dos conductores maldecían. Yo sonreía. Me acordé como se ven mis piernas entre las tuyas. Volví a sonreír. Por pendejos los dos.

Kato Gutiérrez © 2018