Protegido: Acto VII Hiper Jam en MARCO

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Protegido: Aprenderé a besar en Canada

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El maldito amor

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Dicen que ni cuando más odiamos dejamos de amar. Con razón no te puedo olvidar. Me robaste la paz. Lamento no haberte abrazado más. Y ahora tengo que aguantar sin ti este invierno, cuando la gente es más patética. Fingen más, mienten más, pretenden ser felices. No le confío mucho al invierno.

Dicen que hay gente que se sube a los aviones sólo para no tener conexión a Internet. Otros trabajan para no estar en casa, o duermen para no sentir. Hay quien se baña a oscuras para no verse. Quien corre para llegar, otros para huir. Gritan para ser escuchados, otros para oír. Comen por dolor deseando morir de hambre. Buscan estáticos con los ojos cerrados deseando que el viento les traiga la fortuna, el gozo, el amor. El delgado y sensible amor. Besan para sentir. Dicen tonterías como: Lucharé por el amor. No hay frase más aberrante. Por el amor no se pelea. Pretenden ser merecedores fingiendo sonrisas, actuando poses, recitando versos de memoria.

¿Qué mas paz que el impacto de tus labios? ¿Qué más armonía que el choque de nuestras miradas? ¿Qué más quietud que mi mano en tu cadera? ¿Qué más euforia que mi boca en tu clavícula? ¿Qué más paz que el amor? ¿Qué peor revolución que quererte? ¿Qué peor frenesí que desearte? ¿Qué peor terremoto que tu abrazo? ¿Qué más terco que el amor?

¿Qué más amor que dos cuerpos colapsándose? ¿Qué más bipolar, equivocado y acertado que el amor? Llega tarde, llega a tiempo, no llega. Lo buscan, lo esperan. Le lloran, le gritan, le sonríen, le agradecen, le reclaman. Es sentido, es callado, tímido. Nunca habla, aunque se sienten sus gritos. Pocas veces certero, no es razonable, ni permite hacer juicios. Nunca hay explicaciones ni motivos. La razón lo odia.

El amor es pacífico a pesar de que te golpea. Es educado a pesar de que nunca pregunta cuando puede llegar ni respeta leyes humanas. Aturde y da paz a la vez. En el mismo instante arde y cura. Dulce y agrio. Es como un super héroe, está en todos lados. Creador de poetas. Provoca incompetencia al hablar. A varios ha dejado mudos. Como mal doctor, ha dejado enfermos a muchos, locos a miles. Se desconoce sus fronteras. Es como un mago, como un creador de enigmas, de misterios, de realidades. Nubla. Quita el hambre. Saca el sol. Aturde. No se sabe como ni cuando termina. Se desconoce dónde nace, y dónde está. Todos lo quieren aunque no lo reconozcan. Hay quienes escriben para atraerlo, pero el amor es vanidoso. Va o llega o viene sólo cuando quiere. Nunca nadie lo ha controlado. Es el toro más bravo, el oso más loco, el colibrí más veloz, la cebra más bipolar.

Lo buscan creando música, cantando, bailando, tocándose, recitando, besando, actuando, mintiendo, cogiendo. ¿Qué más poder que el de tus ojos? Causa insomnio. Arde dulcemente. Se diluye. Explota. Se multiplica. Ataca. Espera. Se escurre. Nunca se puede fingir. No sirven las explicaciones. Es como un giro eterno. Tornado de amor. Torbellino eterno e instantáneo. Ladrón de cerebros. No hay escapatoria. Es dar y recibir. Es energético y anestésico. Es el frío y el calor.

Es tan raro como gozar de dolor y sufrir de placer. Es tan raro como una flor en la cumbre o un diamante en el espacio. No es una competencia. No se vende. Se reinventa en cada caricia. No limita ni encierra. El amor libera, provoca. Mueve montañas. Tan loco, tan raro. Tan popular y tan solitario. Tan famoso y tan callado. Causa llantos y sonrisas. Hace llover. Crea soles y lunas. Es un dios. Dice palabras precisas. Acerca el cielo y amplía el sol. Genera millones de estrellas. Revuelve estómagos. Disturba juicios, aturde razones. Como tú. Como tus ojos. Como tu cadera. ¿Eres tú el amor? ¡Anímate! ¡Acércate! O al menos no te muevas. Ahí voy. No me dejes de ver. ¿Eres tú el amor? Déjame tocarte, ahógame. Déjame escribirte, gritarte, tenerte. No puedo sin tus abrazos que traen lava, sin tus soles ni tus lunas. Sin tus guirnaldas de estrellas. El amor no debe mentir, mejor que calle, que no conteste, que no explique nada con tal de que pueda embarrar mi boca en la tuya, todo lo demás no importa. No importa no entender nada. Con tenerte tengo todo. Todo el poder en tu caricia. Todo el tiempo. Toda la eternidad merece si te toco.

Kato Gutiérrez © 2015
FB: Kato Gtz
@mrkato

 

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphoto.net

Reseña Austin (Buscando a Stella)

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La ciudad es peligrosa. Corres peligro que te atrape en los primeros cuatro segundos. Como si los grandes árboles te fueran a abrazar, o comer. Como si las urracas cantaran versos, el Jazz liberara conciencias y borrara pecados. La decadencia está siempre en la siguiente cuadra, como siempre en este mundo.

En una mesa se me cruzaron las fronteras con cerveza y Coca Cola de mi tierra. Con idiomas que no reconozco en la siguiente mesa. Con mis paisanos de siempre trabajando entre mesas y cubiertos, o sobre jardines y edificios. Es fácil identificarlos hay como un código al mirarnos, una sonrisa siempre concluye.

Cientos de cervezas. Miles de historias, pero no encuentro a Stella. No era la mesera coqueta del cabello rosa. Tampoco la güera elegante que bajó de la limosina y nublada por el alcohol en lugar de la esperada petición de que la fotografiara con sus amigas, me pidió que la abrazara. Tampoco la encontré en esa prisa extraña, esa prisa lenta que todos poseen aquí. Ni en la saturación de todo, de sueños, pensamientos, cosas por hacer, expectativas, de fracasos, de reclamos a esta vida.

No, no estaba ahí en el olor a leña quemada que a todos acompaña en esa ciudad. Ni en las distancias, ni en los historiales crediticios, ni en la tecnología que todo rige, ni en la añoranza de la tierra de origen. Tampoco estaba en el intento de disimular el tormento pretendiendo bailar, pretendiendo sonreír. ¿Dónde estás Stella?

No la vi en la juventud cada vez más joven. Ni en los músicos de calle que solo tocaban un sólo acorde. Ni en los pordioseros con cartelones de reclamo al gobierno, al ejército, a su ex esposa. Ni el dealer me pudo instruir sobre Stella. Ni el Sheriff Hispano de la ciudad, ni en los yates llenos de alcohol que rompían el silencio de la mañana de domingo. Tampoco estaba en el oscuro restaurante con un exquisito olor a leña. Ni en el pasado, ni en los álbumes, ni en las decisiones por hacer, ni en la jodida búsqueda de motivos y explicaciones. Ni en la prisa, ni en el rush. Ni en los ojos de la hermosa mujer sentada en la banca junto al río, ni que yo fuera Luca, ni que pudiera ver algo más que brillos en sus ojos.

Tampoco estaba en la soledad, ni en el café que el domingo por la mañana no había ninguna familia, no la encontré al corroborar que el machacado con huevo sigue causando nostalgia. Ni en el susto al sentir excremento de urraca caer sobre mi mano mientras escribo esto.

No encontré a Stella en Austin. No importa. Lo que si encontré fue el poder de como una charla de ciento cincuenta minutos nos puede convertir de extraños a amigos. Gracias Austin, primera gira internacional, nunca la olvidaré.

Kato Gutiérrez © 2015
@mrkato

El ruido de los jazmines

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Quería huir del invierno, pero no podía, lo perseguía todo el tiempo. Bruma terca le distorsionaba las sonrisas. Quería perderse en un acelerador de partículas, pero no sabía dónde buscarlo. Deseaba un fetiche que lo distrajera, pero no lo encontraba. Ya no quería participar en el juego de lástimas, quería salir de ese infierno, pero no encontraba la puerta. No quería ser habitante del limbo de las vidas no vividas, pero no recordaba como llegó ahí. Olvidaba que pasara lo que pasara al siguiente día, había tenido el presente. No sabía si vivir el momento o soñar. Sentía que a las calles le faltaba amor, a él también. No quería que le ganara el odio, pero no encontraba más opciones. A donde iba rasgaba el aire con su hedor amargo. Quería que su vida fuera tan bella y simple como un comercial de Apple, pero no podía, no sabía que hacer. Sentía que su cuerpo era de aire. Tenía solo dos ilusiones perezosas. Pasaba recogiendo los restos de su silencio. Siseaba a cuanta idea le llegara. Ya ni punzadas de odio sentía. Años atrás buscó que en parques arbolados el cliché se materializara y encontrara ahí la felicidad, aunque fuera sólo durante cuatro segundos. La indiferencia le ahogaba las pupilas. Alaridos de desencanto le chillaban en sus oídos. Y sonó el despertador.

Un certero manotazo rogando por diez minutos más. Casi siempre las máquinas obedecen. Modorro se cuestionaba cuanto le iban a durar sus males. Quería inventar viajes extraordinarios para encontrar respuestas imposibles. Le daba miedo ver la ventana y sentir los agresivos rayos del sol penetrar su habitación. Todas las mañanas se preguntaba porque las cosas cambiaron. Alguna vez el ansia le invadió, ahora ya ni le inquietaban las causas de su nuevo mundo. Si tan solo hubiera una alma que lo entendiera, una alma que lo sacará de la ruina de su rutina gris. Una alma nueva, brillante, joven. El olor a tocino se le metió hasta los pulmones. Algunos murmullos infantiles que ya se le confundían con ladridos de perros, o maullidos, o lo que fuera. Esa mañana había olor a jazmines, era ese día, ese día del año en que su mujer festejaba su unión, y para él era el día en que más se cuestionaba sus razones, se punzaba el cerebro intentando contestar qué es lo que pensó para que dieciséis años antes le regalara esa palabra de dos letras, le regalara su unión, le regalara todo a su mujer.

Había perdido la cuenta de cuántos de esos años había pasado hundido en el desgano y la indiferencia. No le interesaba saber cuando la apatía le surcó la cara. Tenía una mirada ajena, se la tomó prestada a algún recuerdo gris. Tomó aire para doblar las piernas y con el impulso levantarse de la cama. Hojas pegadas en las paredes con palabras en crayola le recordaban el día que era, mentiras multicolores. Clichés rojos, frases estereotipadas, nada nuevo. Su mujer cantaba en el piso de abajo un rock en español de los ochenta, desearía que mejor cantara el viento. Tenía la tímida esperanza de que el agua helada y las burbujas de champú le revelarán el paraíso perdido. Una mentira que el aroma de la crema para afeitar le regalara. Algo, lo que fuera, que la loción lo confundiera, y lo confusión le ahogara de olvido su realidad.

Bajando la escalera, ya no había murmullos, solo quedaban los jazmines. Sólo se sentía mejor. Nada para él en la estufa. Cuatro platos sucios. Un pan tostado con dos mordidas pequeñas y algo de mermelada de durazno. Buscaba algo que amar, algo que amara tanto que pudiera dejarse matar por eso. Pero nunca había tenido un sentimiento tan poderoso.

Una nota en la barra, esa no era multicolor. Esa tenía tinta negra y caligrafía. Rogelio solo quería un refugio. La nota, a dos pasos. Dudaba si avanzar a leerla. Locomotoras a lo lejos. Contaminación y drenaje colándose por la ventana. Un paso menos. Una nota negro con blanco. Sólo palabras. Dos cajas en la esquina. Por fin, la curiosidad le dio un pinchazo en la nuca y Rogelio caminó el paso que le faltaba. Lentamente tomó la hoja y leyó. No supo que sentir, siempre había sido malo para eso. En el mismo segundo sonrió y se le salió una lagrima:

Feliz dieciséis aniversario, Rogelio. Te dejo. Me fui.

Y el ruido de los jazmines tomó fuerza, era lo único que quedó ahí.

Kato Gutiérrez © Mayo del 2014
@mrkato
Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

Y ahí vas.

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Y ahí vas, en chinga, a lo pendejo. No paras para nada. No pasan más de cinco minutos sin que veas tu móvil. Así eres tú, ¿y qué? El que te quiera que te aguante. Y aquí te llega este mail, ¿pararás a leerlo? Es uno de cientos que te llegan. ¿Quién sabrá su utilidad? Pobre soñador su creador. ¿Y qué acaso no nos sostenemos de puros sueños? ¿Qué no nuestra vida está sustentada en ilusiones? ¿Qué tan real es lo que vives? Ojalá sea un poco más real de lo que eres.

Y ahí vas, con tu entusiasmo pendiendo de lo que digan de ti. Eres una veleta. Sueñas con ser aceptado. Sueñas por pertenecer, sueñas con tu momento de gloria, con tu comentario glorioso, con tu fama efímera, pero no haces nada al respecto. Sueñas y sueñas y nada, chingados.

Intentar te hace sentir bien, pero intentar no es suficiente. Intentar es de los perdedores. Lo ganadores, ganan y se chingó. Los ganadores toman todo. Los ganadores no se lamentan. Los ganadores se preparan, se esfuerzan y ganan. No hay oportunidades, sólo hay triunfos. ¿Y tú? Tú estás conforme con intentar. Chingue su madre, yo estoy intentando. ¡No, cabrón! Intentar no es suficiente.

Volteas al cielo, como pidiendo consejos, pero hace mucho que te dejaron de ver desde allá. ¿A poco crees que alguien estaría orgulloso de ti? Has olvidado lo que te hacía feliz. Has olvidado lo que te hacía sentir bien. Eres más gris que verde. Te estás apagando. El bullicio te ha hecho mudo. La actividad te ha hecho inválido. Las críticas te han hecho político. Desde hace mucho no te reconoces. Chingue su madre. Pierdes tiempo sólo buscando hoyos negros. Hace meses que no ves un atardecer. Y te convertiste en la versión mala de lo que fue tu padre. Te preocupas más por lo que digan de ti en internet que lo que tu hijo piensa de ti, o de su vida. Ya te acostumbraste a tus vacíos y crees que todos están igual de huecos que tú. Crees que el sexo llenará ese vacío, pero a pesar de ser delicioso, no es tan poderoso. Al menos el intento es divertido. Ves, sigues con los intentos. El Señor de los Intentos. La Doña Intentos.

Hay gente que no sabe sonreír. Aunque lo intente, no puede, nunca le enseñaron. Está acostumbrado a bloquear el sentimiento. ¿Y tú? En tus prisas no recuerdas cuándo fue la última vez que sonreíste, ni la última que abrazaste.

Ahí vas levantando elogios, levantando lástimas. Ambos te causan lo mismo. Tu espíritu es ambivalente. Lo que querías ayer, hoy lo detestas. Te preguntas por qué estás leyendo esto. Piensas en parar en este momento, pero luego no deseas darle el gusto al autor, y tras una leve mueca en tu boca, sigues leyendo, seguro de que no es de ti de quien se está escribiendo, no te arriesgues tanto. Lo que soñaste ayer, hoy lo ignoras, ojalá al menos lo despreciaras, pero no, simplemente lo ignoras. Y tu pareja te pregunta que lees, y pasa a tu lado dejando una invitación con su aroma, y la ignoras. ¿Cuánto de lo que soñaste, se ha hecho realidad? ¿Merece que sigas soñando? Na na na na na na na ¿qué vas hacer, cuándo seas grande? Uou o o uoou.

Kato Gutiérrez © 2013

Imagen cortesía de: FreeDigitalPhotos.net