El choque

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Hoy vi un choque. Una camioneta pick up pequeña me cerró, se metió sin ningún aviso. Frené. Ni alcancé a tocar el claxón. Siguió su ruta inclinada e invadió el siguiente carril. Una Suburban enorme, brillante y nueva, no frenó y chocaron de lado.

No pude evitarlo y sonreí. Por pendejo el de la pick up. Me ahorré una mentada de madre. Ahora quien maldecía era el conductor de la Suburban. Se bajó con la cara roja, caminaba con los brazos separados del cuerpo, como si trajera las axilas rosadas. ¿Qué te pasa, pendejo? Alcancé a leerle en sus labios. Movía sus brazos como diputado dando un discurso.Y sonreí más. El de la pick up decía: Ay, cabrón. Y yo pensaba que me había librado por algunos segundos.

Si me hubiera cambiado de carril antes, si me hubiera levantado a la primera, si no me hubiera lavado los dientes, si no hubiera puesto Spotify antes de salir, yo hubiera sido el de la Suburban. Yo hubiera sido él. Yo estaría diciendo: ¿Qué te pasa, pendejo? Con mi cara de dragón y mis cachetes rojos. Yo hubiera sido él.

Ahí estaban las dos camionetas blancas, tocándose, atoradas, de lado. Como si un imán las uniera. Los dos conductores maldecían. Yo sonreía. Me acordé como se ven mis piernas entre las tuyas. Volví a sonreír. Por pendejos los dos.

Kato Gutiérrez © 2018

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Anoche soñé

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Anoche soñé que se me caía un diente. Lo primero que hice al despertar fue tocar mi dentadura con la lengua. También soñé que estaba atrapado en una “App”. Ajá, así de pendejo como se escucha. Estaba cubierto de una sustancia babosa, era una mucosa gigante y transparente que limitaba mis movimientos y cada instante que pasaba me apretaba más. Era como estar dentro de una pequeña casa de acampar. Mis pensamientos luchaban por determinar lo que era real ¿La carpa? ¿La “App”? ¿O incluso mi sueño? Creí que al momento de tomar la decisión, cualesquiera que fuera, iba a perder y la “App” me iba a consumir, eliminar. Ajá, así, igual que en la realidad.

Desperté en la madrugada, lentamente, como si el sueño me jalara hacia adentro. Sentí un calambre un el chamorro izquierdo. No sentí reflujo, no, esta noche no. Tenía baba chorreando desde mi boca hasta mi pecho. Hace años que no babeaba. Quizá fue mi sentido de conservación. Quizá aún estoy en la “App”, quizá la “App” eres tú. Quizá aún estoy en el sueño.

Hoy vi una patrulla parada en un crucero. El policía tenía un celular en su mano y hablaba a través del altavoz. Encendió la luz verde del semáforo y dio una vuelta prohibida a la izquierda mientras seguía en su llamada.

Hoy escuché Bye Bye Miss American Pie, de Billy Cassidy y me pregunté en cuantos bares de hoteles de aeropuertos, algún músico triste y mediocre hoy tocará esa canción en el piano.

Kato Gutiérrez © 2017

Versión en vivo

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Hoy un Mini Copper que iba muy lento invadió mi carril. Alcancé a frenar de manera audaz. Ni siquiera pude usar el claxon. Al pasar a su lado la bella dama, con el celular en la mano, me mandó un saludo sarcástico acompañado de una sonrisa. Luego siguió texteando.

Hoy en el estacionamiento, en el lugar de al lado,se paró una gran camioneta de lujo. Se bajó un hombre que vestía un traje café claro, se veía elegante. Tiró al piso servilletas, papeles, y envolturas de algún alimento. Se fue caminando dignamente mientras masticaba con la boca abierta. Al dar cinco pasos cerró su camioneta con el control remoto, tres fuertes sonidos retumbaron. Varios pasos después, casi al llegar al elevador, mientras pasaba por unos botes de basura, accionó de nuevo su control, tres sonidos retumbaron de nuevo.

Hoy un lavacoches me ofreció lavar mi auto. Asegura que el Armor All que trae no es pirata.

Hoy, el semáforo se puso en rojo, el auto de al lado avanzó y se detuvo justo en el paso peatonal. Cruzaron la calle un joven y una señora con una niña en brazos. Tuvieron que pasar fuera del área designada y un camión por poco atropella a la señora. La conductora del auto ni se inmutó, estaba inmersa en una llamada telefónica a través de un altavoz y con las dos manos al volante.

Hoy escuché una versión en vivo de Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler, y me hizo recordar el pasado. Los ochenta. Mi yo de esos años. Mis sueños, mis ingenuidades, mi percepción del amor a los quince años.

Kato Gutiérrez @ 2018

Aprenderé a besar en Canada

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Ay, no manches. Otro verano que ya casi termina. Falta, tipo, solo un mes para irme a Canada y aún tengo miles de cosas por hacer. Nadie me ha enseñado a besar. No sé que sentiré cuando lo haga por primera vez. Por más que intento, no recuerdo cuando pedí este viaje a mis papás. Dicen que fue idea mía. Yo ni me acuerdo lo que hice la semana pasada, pero que bueno que por fin me dan algo de lo que les pido.

Por un lado está bien irme tanto tiempo, aunque un año es muchísimo, estaré libre de mis hermanas, ya no pelearé con ellas. Supongo que con la familia que llegue tendré mi propio cuarto. Ojalá sea una mansión enorme, con sirvientes, con jardines, con albercas, con una cancha de tenis. Que tengan autos deportivos, y que alguno de los hijos sea guapísimo. A lo mejor mi primer novio es el mejor jugador de equipo de basquet de la escuela, como en las películas.

Llevo dos noches que sueño que me persiguen dinosaurios rosas. Nunca he besado a nadie. Que vergüenza llegar a Canada a los diecisiete años sin saber besar. No importa, allá aprenderé. Que bueno que me voy, no sé bien a qué, pero lo que sea con tal de salir de Monterrey. Me da flojera ya empezar con la universidad, y tener pendientes y responsabilidades, y tener que sonreír y ser educada, y ser amable y seguir viendo a la misma gente. Todos son iguales. Todos son los mismos. No importa de que colegio o colonia sean, todos hablan de lo mismo. No entiendo a Marcela que siempre sonríe, siempre tan feliz, siempre con novios y amigos. No sé que la hace tan feliz. Yo ya contaba los días para terminar la Prepa, ya no soportaba ver las mismas caras de los últimos tres años.

No sé porque se me pasan los días tan rápido. Mi mamá no me deja dormir tarde, eso me molesta muchísimo. Últimamente no nos entendemos en nada. No le importa que he mejorado en la limpieza de mi cuarto, ni que ya tiendo la cama casi todos los días, no, eso no le importa, siempre me critica con lo que no hago.

Llevo dos semanas en que me despierto justo a las cuatro de la mañana con cuatro minutos. Las chicharras suenan fuertísimo a esas horas. Mis hermanas están dormidas en sus camas, aunque capaz que una de ellas me avienta algo para despertarme, por chistosa, o por molestar. Escucho como el sanitario tira agua. A lo mejor, Tití va al baño a esas horas.

Me he levantado alguna de esas madrugadas, y me acerco a la ventana. Veo con algo de miedo hacia el jardín, a veces alucino que estará inundado de chicharras. Pero no, no veo ninguna chicharra. Un día vi pasar un tlacuache y me dio mucho asco. Esa noche ya no me pude volver a dormir.

Me acuerdo cuando me emocionaba con las flores que salían en el jardín, corría por la cámara Canon de mi papá y rezaba porque tuviera espacio para tomar algunas fotos. Le tomaba a las que mejor color tuvieran. Incluso tenía una esquina que me gustaba decir que era mi esquina. Ahí estaba las mejores flores, ahí regaba con mucha ilusión todos los días de verano. Ahí soñaba con mi primer novio. Ahí juraba que iba a poner una banca, o pedirle a mi papá que pusiera una. Pero nunca lo hice. Ya ni recuerdo como nombraba esa esquina. Ya ni recuerdo cuando caminaba ahí con mi papá. Ya ni recuerdo de qué hablábamos. Creo que en este verano solo en la fiesta de mi cumpleaños estuve ahí afuera.

Ya estoy harta de lo Regios. Todos se visten iguales. Hablan de la misma manera. Todos cuentan las mismas mentiras. Todos presumen lo mismo. Hasta creo que compran las flores, tarjetas y chocolates en la misma tienda. Los chavos son tan predecibles que en seis ocasiones me han regalado la misma tarjeta, seis chavos diferentes eligieron la misma tarjeta. ¡La misma en blanco y negro! De una pareja tomada de la mano sobre un puente en París. ¡Por Dios! Cero originales.Y mis amigas iguales. Hablan de lo mismo, solo esperan el fin de semana para ir al Privatt. Presumen cual es el gimnasio con la mejor instructora de Cross Fit, y se pasan midiendo su cuerpo. Yo nunca he medido mi cuerpo, no necesito hacerlo. Sé que estoy guapa, y ya eso me es suficiente. Mientras se me sigan amontonando las rosas que me regalan, todo estará bien.

Tengo que ponerme de acuerdo con mis hermanas para a ver si me pueden llevar al consulado de Canada, tengo que llevar unos papeles y llenar unas formas. Ojalá que mejor me lleve mi mamá, para que ella haga todo eso.

No me importa si no sé bien lo que esperan mis papás de este viaje, de este año, de mí, lo que me tiene super emocionada es que estaré libre para hacer todo lo que quiera. Aquí voy Canada, aquí voy. Ya estas semanas se me irán muy rápido, tengo muchas despedidas mías y de varias amigas y amigos que también se van de intercambio, así que, es muy bueno ser joven. Es el tiempo para divertirnos, ¿no?

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz
@mrkato

 

 

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net