¿Y donde se fuera secando el mar?

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Capaz que nos mataremos entre nosotros mismos, con la mente o con la mirada, a quien veas matas. Y, entonces, ahora si, habría muchas personas dispuestas a, por fin, mirar a los ojos, aunque ahora eso implique matarlas. Habría otros que estarían dispuestos a arrancarse sus ojos con tal de no ver a nadie. Cuervos felices comerán esos ojos; cuervos picoteando rostros, cuervos con reflujo.

¿Y dónde se fuera secando todo el mar? Estaría con madre. Entraría corriendo aprovechando el desnivel a favor, hasta que mis zapatos se llenaran de arena, y no pudiera moverlos más, hasta que caería. Entonces, luego, empezaría a rodar para llegar al fondo del mar. Vería peces muriendo. Me descalzaría, me levantaría y volvería a correr; tendría que ser el primero en llegar al mero fondo y pisar ese lugar virgen; ahí si pudiera morir; que mi cuerpo fuera el souvenir de los incrédulos, que vean mi carne putrefacta en el lugar más hondo del planeta. Que sepan que alguien pudo llegar a esas coordenadas, y que no sepan cómo ni cuando. Desde el fondo seco le gritaría a todos que me la pelaron, y luego empezaría a carcajearme lo más fuerte que pueda, lo más falso y burlón que pueda, hasta que me muera. Que no sepan que fue sencillo, que no sepan que los mares se secaron o que fueron reorganizados a través de tsunamis orquestados rítmicamente. Que nadie sepa como lo logré. Que sea de los misterios modernos, o últimos. Como las pirámides, como los mayas, como la mente de Saramago.

El fondo del mar y mi cuerpo, mis huesos sobre los de otra mujer, o capaz que para entonces solo habrá polvo. Pinches amenazas que nos decían los viernes primeros de cada mes, que polvo soy y en polvo me convertiré. ¿Quién querrá correr conmigo al fondo del mar seco? ¿Quién querrá coger conmigo ahí? Y de ser necesario hacerlo con los ojos cerrados para no matarnos. Coger muriendo, con los ojos cerrados para no matarla mientras la veo. Sí, sí, así debe de ser. Ese debe de ser mi final. Abrir los ojos al orgasmo, abrir los ojos a la muerte. Que nos matemos con sexo, morir de un orgasmo en el fondo del mar seco.

Kato Gutiérrez © 2013

Imagen cortesía de: FreeDigitalPhotos.net

Gwyneth, yo y la búsqueda de la paz.

Gwyneth Paltrow 20

     ¿Dónde está la paz, que dicen que sólo Dios puede dar? ¿Quién la vende? ¿Dónde la encuentro? La gran mayoría de mi vida me la he pasado buscándome, nunca me he sentido ni siquiera cerca de encontrarme, y, aun peor, últimamente no me reconozco. Me sorprendo de lo que pienso, de lo opuesto que actúo a mis lineamientos, me siento ciego, mareado, lejos de lo que alguna vez nombré realidad. Me cago a mi mismo. Me desespero.

     No encuentro la rutina que me ayude a ponerle a algo la etiqueta de realidad, de vida, mucho menos puedo pensar en sueños, en atardeceres o en pendejadas positivas. No puedo ni quiero pensar en el amor, me caga todo eso. No puedo conmigo mismo, como podría con alguien más. A veces siento que entre más escarbo, entre más intento, más vacío me siento. Quizá sea el cansancio, quizá sea el nunca encontrar nada, quizá sea el simple vacío de la soledad, de la tristeza, de la añoranza. No me importa lo que sea, lo que importa es el dolor que siento al intentar, y aunque a veces he disfrutado ese dolor, últimamente ya no. Últimamente me gusta solo flotar. Cualquier corriente de aire o de agua que me quiera llevar, aquí estoy. Estoy en oferta, la primera creencia religiosa que se tope conmigo, me tendrá, me llevará, seré de ellos. Soy un pinche papel en blanco, sucio, pero en blanco; viejo y arrugado, pero en blanco. Alguien véndame un dios, una idea nueva, diferente, algo que me haga entender este caos, este mundo de mierda, y me voy con ustedes.

     No quiero creer lo que todos creen, porque sino, me convertiría en lo que todos son y todos me cagan. Aja, me caga todo, incluyéndome. Pinches fallas que causan que no podamos recordar la niñez, quizá esos fueron mis únicos momentos de felicidad en mi vida, y no los recuerdo. Quizá ni felices fueron, pero no los recuerdo. Aunque por otro lado, esas mismas fallas me han hecho olvidar errores y la mierda que te llega en el camino.  Si yo no pude entender, entonces que se acabe todo. Un puto juego nuevo. Sé que apareceré en otro lugar; capaz que seré un vikingo. Sí, seré un vikingo. Un líder de los vikingos, con una docena de barcos a mi cargo. Con docenas de lo que sea a mi deseo. Con todas las mujeres de ese territorio esperando ser elegidas por mí. Con el deseo de que el sexo borre la mierda de mi mente. Nunca he sabido que hacen los vikingos además de ir en un barco bajo el sol y sobre grandes olas. No importa, al menos eso ya es más de lo que yo he hecho con mi vida. Siempre los vikingos se ven felices en los cuentos ¿no? Pero no recuerdo vikingos con el pelo negro. Me valen madre los vikingos. Me vale madre lo que seré, sólo quiero ser alguien más o quizá algo más. Quizá una ardilla, no, que hueva, son muy nerviosas. ¡Robin Hood! Sí, siempre y cuando la princesa sea Maria Elizabeth Mastrantonio. O mejor que se reseteé todo. Que todo vuelva a empezar y que sólo existamos Gwyneth Paltrow y yo en una isla desierta. Que tengamos todos los conocimientos que tenemos ahorita, pero que no podamos salir de esa isla. Ahí, solos ella y yo para siempre. Estoy pensando en como el fuego de una fogata le iluminaría su cara. Su sonrisa sería más sexual porque la luz de la luna se mezclaría con la del fuego. Y lo mejor es que no tendría que ir a ningún lado para tenerla; simplemente me dejaría ir sobre ella, nos revolcaríamos en la arena y ahí la haría mía. Su placer sería mi premio. Sus pujidos mi aliento. Su mirada mi energía. Pero me aburriría pronto de ella. Si no tendría con quien compararla mi deseo terminaría, acabaría por desesperarme, me hartaría su dependencia al sexo. No quisiera tener que cuidarla. Necesitaría alguien más para que mi mente estuviera en plena lucha, siempre decidiendo con quien debo coger y a quien quiero coger, para que en la confusión crezca el deseo, para que en el intento a ser recto me descubra malévolo, para que intentando hacer las cosas bien disfrute hacer lo contrario.

© 2013 Kato Gutiérrez