Nota en El Norte: ‘Rockstar’ de la literatura regia

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Nota publicada por Daniel de la Fuente en la sección Vida del periódico El Norte, el 10 de octubre 2019. Aquí el link a la nota completa.

Labios de menta

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Hoy caminé por la Calzada. En el sentido contrario pasó corriendo un hombre con la camisa de la selección española. Usaba unos audífonos tan grandes como su calvicie. Luego pasó un joven sin camisa, corría mientras en su rostro pintaba gestos de maldad. Quizá era agonía. Miré mi abdomen, luego levanté la mirada y una rubia me sonrió. Pasaron muchas personas. Puedo ponerme loco, o profético y decirte sus vidas, pero no puedo ni con la mía.
Sonó la sirena de una ambulancia, y nadie volteamos.
Miré peatones que ignoraban los semáforos rojos.
Unas mujeres me dejaron una estela con olor de jazmines.
Pasaron perros con personas y personas con perros.
Humanos con accesorios de los cuales colgaban infantes mudos y mareados.
Perros en carreolas. Ancianos en sillas con ruedas.
Hombres con dolores en el alma.
Mujeres calladas.
Ardillas voyeristas.
Jardineros en cuclillas que escondiendo la mirada en el sobaco veían los traseros blancos de mujeres veloces.
Ruido. Humo. Cláxones.
Templos. Fe escondida en troncos.
Camisas que presumían logros.
Un idiota dejó el excremento de su perro en el camino. Quiero ir a cagar a tu casa.
Pasó un camión de bomberos. La ciudad en llamas.
Mi alma morada. Punzadas en mi frente.
Mis rodillas crujiendo.
Quiero valor. Quiero bondad.
Quiero unos labios que sepan a menta.

Kato Gutiérrez
Derechos Reservados ©2019.

El amanecer perfecto

 

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Últimamente el ruido y el caos me sigue.
En el trabajo, la cuadrilla de mantenimiento no respeta horarios y taladra paredes y pisos a mitad de la mañana.
En mis trayectos en el auto observo un carnaval de incidentes: Luces rojas ignoradas, gandallas en cada fila, cerrones, cláxones sonando, reclamos, imbéciles lentísimo por que van texteando. Imbéciles invadiendo carriles porque van texteando.
En mi casa, las últimas noches llegan ruidos de taladros hidráulicos y mazos contra muros de un vecino. Del otro vecino llega música en un pinche miércoles cualquiera. Ayer en la tarde fui a un café, apenas me senté y escuché martillazos contra el muro del local, la empleado me dijo que era el vecino.
Ya estoy preocupado. Quizá soy yo. Quizá sólo yo los escucho. Quizá mi frecuencia está fallando y estoy cambiando de dimensión. Quizá los ruidos son para que despierte, para salvarme, pero no sé de qué. Quizá las mentadas de madre de los automovilistas son avisos.

Entonces estoy tenso, a la expectativa, esperando el madrazo. Me duele el cuello y los hombros. Llevo noches sin dormir. Pero hoy en la mañana me dije que sería un día diferente, me tomé doble dosis de Rivotril, respiré hondo, y me dije: No mames, es viernes, dale tranquilo. Y salí de mi casa, pensé en contar los incidentes que me sucedieran en el trayecto hacia mi oficina, pero rechacé la idea, porque sería como atraer el caos, y puse mejor una canción de Johnny Cash. Llegué a un crucero en donde estaba la luz en rojo, era el primero de la fila. Hice alto total, respeté con holgura el espacio para el cruce de peatones. Tarareaba la canción mientras pasó un minuto. Cambió la luz a verde, y solté el pie del freno, y justo en ese instante se cruza un voceador de esos periódicos gratuitos. Y como siempre sucede, se quedó parado justo en frente de mi auto, alcancé a frenar antes de tocarlo. Lo ví que vociferaba, gritaba y meneaba su cabeza en forma de reclamos. Caminó hacia mi lado mientras seguía hablando, bajé el vidrio de mi ventana y le dije: Te cruzaste en plena luz verde, compadrito, y me contestó: soy mujer, pendejo………
……
…….
……..
……….Ya mejor no dije nada más. Te digo que el ruido y el caos me sigue, ojalá sean buenos augurios, ojalá sea la oscuridad antes del puto amanecer perfecto.

Kato Gutiérrez, © 2018

Foto: Kato Gutiérrez. Texas, 2011.

Eclipse total

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Nunca había manejado un auto que tuviera aire acondicionado. Moví la perilla a lo más fuerte y frío. ¡Volteen! ¡Mírenme! Era un Ford Cougar 92 color azul marino con interiores de tela y madera. Con ese carro le saldaron una deuda a mi padre, solo estaría en casa unas semanas. Olía a tabaco y quizá no era tan deportivo, ni tan rápido. Lo que lo hacía espectacular era que tenía reproductor de discos compactos, lo último en tecnología en ese bendito mil novecientos noventa y dos.

Yo voy por mis hermanos. Yo te hago ese mandado. Yo voy a dejarle el arroz a la abuela. Yo manejo. Yo voy a la tienda. Yo. Yo. Yo. No quería bajarme de la nave y dejar de sentir la adrenalina de ese sonido tan potente y tan claro como nunca, mientras sonaba el disco de Bonnie Tyler, Faster than the speed of night. Baladas perfectas y ritmos acelerados. Rock o Pop ochentero diagonal noventero, lo que sea, no te me pongas estricto en cuanto a géneros musicales. Varias amigas nuevas me surgieron en esos días de eclipses totales de corazón. Lástima que no me dejaron entrar el único auto cinema de la ciudad. ¡Lárguese pinche huerco calenturiento! ¡Qué te pasa pendejo, si tengo dieciocho! Mientras mi voz se ahogaba en un fango de miedo y coraje y mi amiga se deslizaba hacia abajo en el asiento del copiloto.

No vendas el carro, jefe. Lo tengo que vender para recuperar el dinero que me debían esos cabrones. Pero es que está muy bonito el Cougar, papá. Está mucho mejor que la Caribe. No me importa, con el carro no puedo pagar los sueldos de los trabajadores, necesito cash, no un carro bonito. Es que papá, ese carro me ha dado muchas alegrías. Me ha ayudado a ser alguien más seguro. He conocido mucha gente y además es increíble poder reproducir un disco compacto, las bocinas suenan como si fueran veinte. Cuando trabajes te compras uno igual. Carro es carro. Da gracias que tienes la Caribe.

¿Qué te pasa, naco? Alucinas que yo me voy a subir a una Caribe, me gritó mi amiga al llegar a la banqueta. ¿Por qué no? ¿A poco eres tan fresa? Además no está tan fregada, trae radio FM y le funcionan bien las cuatro bocinas. A ti es el que no te funciona el cerebro pensando que una mujer como yo, se va a subir un auto de esos. ¡Piensa idiota! ¡Lo analizaría si al menos trajera casetera! No soporto a los locutores del radio. Adiós, naco.

Sólo me queda el disco de Bonnie Tyler guardado en su caja de plástico. Ya no tengo donde reproducirlo. No puedo dejar de recordar cuantas caderas toqué cuando las baladas de ese disco sonaban en el Cougar. Gracias, Bonnie, te debo una. Bueno, varias.

 

Kato Gutiérrez
Derechos Reservados ©2018