SHERRIE

Soy el stage manager que se está cogiendo a una de las groupies de la banda.
A la groupie el vocalista no se la puede coger. No puede porque no se le para. También porque siempre anda hasta la madre, o porque prefiere jugar baraja y meterse botellas de whisky con sus amigos. No sabemos cuando el verdadero Stacy está con nosotros, creemos que lleva unos cuatro años pedo, ha grabado dos discos, ganado tres Grammys, fumado kilos de hierba, metido cientos de pastillas y el güey no se ha dado cuenta.

Es raro coger con Sherrie porque no sé cuando está pasada, borracha o sobria. Ella siempre ríe y lo hace con un ruido nasal que molesta. Es raro que ría tanto mientras cogemos, no sé si está gozando o se está burlando, me altera, pero justo cuando estoy a punto de parar, o de gritar un reclamo, ella empieza a menear su cadera con fuerza. Por todos los dioses del rock, ahí es cuando escucho acordes perfectos, solos de guitarras eléctricas poderosas, irreverentes, multitudes me ovacionan con cánticos. Me muevo duro contra ella al ritmo perfecto de la batería, mucho mejor que el ritmo con el que toca Bryan. En esos segundos siento que todo este pinche mundo de mierda tiene sentido, ahí estoy parado atrás de ella, viéndole su espalda blanca desnuda, un poco húmeda, levanto la mirada y está su cabellera güera meneándose como resultado de mis embestidas, sonrío un poco, lo bueno es que ella no sabe que esa es mi única sonrisa del día. Siento chingos de voltios zumbando por mis huesos, creo que se me van a romper, el brazo derecho se me acalambra, tiemblo, en esos instantes previos al final me siento justo como en el paraíso, el problema empieza cuando ella gira su cabeza, pelos güeros vuelan por el aire, y sobre su hombro derecho me ve con esos ojos de donde le nacen flores verdes. Y es cuando a mi lado aparecen dragones echándome fuego en el mero corazón, escucho balazos, en las paredes del viejo camión crecen flores rojas con espinas gruesas, me juro hacerme un tatuaje en el pecho con su nombre, sus risas suenan como coro de Meat Loaf y cuando me pide que le de mas, su voz es tan perfecta como la de Bonnie Tyler y justo ahí me odio por amarla. Me vacío y creo que ella también la pasó bien. No me animo a verla a esos ojos. Nos aventamos al angosto sillón. Volteo distraído por  la ventana y veo pasar rápido las siluetas negras de muchos árboles. Me pongo mis audífonos, mis dedos tiemblan cuando aplano el botón de shuffle, quiero algún rock pesado, un metal rudo, algo que calle esas voces que me retumban, algo que me evite aceptar que no puedo pelear contra este sentimiento.

Kato Gutiérrez, © 2020
Todos los derechos reservados

QUE NADA FUERA COMO ANTES

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Siempre nos falta algo.
Ojalá el virus se quitara si sembráramos árboles.
Que dependiera de nosotros, no de una vacuna.
Que la bondad fuera el juez.
Que hubiera un rating de compasión.
Que la vacuna sea el amor.
Que no existan patentes, fronteras, ni pinches límites para gritar lo que quiera, lo que arde, lo que mueve. Lo que conecta.
Que pueda sentir lo que sea cuando sea.
Una fogata de pasaportes.
No hay miedos.
No hay máscaras.
Que se agoten los llantos.
Que se regale compasión con entrega a domicilio.
Si tose no importa.
Si se talla los mocos con la mano que te saluda, no importa.
Nada importa, ni el encierro, ni el desacato.
Que lo único que se transmitiera fueran miradas provocadoras.
Que nada fuera como antes.
Que dependiera del amor.

Kato Gutiérrez @2020

ROCKSTAR EN FIL GDL 2019

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Está será mi séptima vista a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la cual es la más importante en Iberoamérica y segunda a nivel mundial, pero no todo empezó así:
Mi primera asistencia fue en 2013, en donde solo conseguí dos citas, una con CONARTE y otra con alguna dependencia federal del la cual ni recuerdo el nombre, “Ya no publicamos novela” “Te di la cita porque es obligatorio recibir a todos” “Que te publiquen es un accidente”.
2014: No fui. “¿Para qué voy, si nadie me quiere dar ni una cita?”
2015: Dispuesto a captar la atención de los pocos editores que me habían dado cita, fabriqué unas cajas especiales en las cuales entregaba mis manuscritos. Fue un fracaso, pocos la quisieron recibir. “Sólo electrónico” “Mándamela a México” “Había que hacer cita” “Sólo publicamos no ficción” “Nunca te voy a olvidar cargando cajas en los dos brazos y jalando una maleta con más cajas” “Es obra no solicitada”. Terminé con cajas, , marcas en mis brazos, triste y decepcionado a tal grado que adelanté mi regreso. Antes de salir al aeropuerto, Sofía Segovia me presentó a Paulina Vieitez de Charlas con Café del Círculo Sanborns, quien entre sonrisas me dijo: “Voy a leer Cuatro segundos”.
Marzo del 2016: Cuatro segundos entra en todos los Sanborns de México.
Mayo del 2016: Círculo Sanborns me invita a entrevista a Charlas con Café en Plaza Carso, Ciudad de México.
2016: Círculo Sanborns me invita por primera vez a entrevista en sus Charlas con Café en la FIL GDL con Paulina Vieitez para hablar de Cuatro segundos. En esa entrevista  la nombra “Novela Favorita del Círculo Sanborns en el 2016”.
Desde entonces Charlas con Café de Círculo Sanborns me ha invitado a cada FIL GDL.
Este año lo han hecho una vez más, y aún no lo creo.
Muchas gracias a ti querido lector por provocar todo esto.
Gracias totales a Paulina Vieitez y Círculo Sanborns por creer en mis historias.
Ahí nos vemos, esta ocasión a charlar de Rockstar.
Long Live Rock n’ Roll.

Kato Gutiérrez ®, 2019.

 

El controlador del tiempo.

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A veces cuando viajo, deseo que el tiempo avanzara más rápido. Pero solamente cuando el viaje es por carretera. Como que los paisajes desérticos, tupidos de nopales me aturden. Me gustaría que el tiempo avanzará, no en sí en tiempo del viaje, sino el tiempo del tiempo, el tiempo de la vida, me gustaría llegar al destino y que ya hubiera pasado algo mas de vida que lo que realmente pasó en esas dos horas. Que todos se me adelantaran, que todos supieran cosas que yo no, que yo fuera el ingenuo, el iluso, el atrasado, el nuevo, el del pasado.

Pero si el viaje es en avión, ahí me ataca otro sentimiento: ahí deseo que el tiempo se pare, que nada suceda afuera de ese avión, que toda la humanidad me espere a que yo toque suelo de nuevo, que nada sucediera sin mi, siento que me pierdo de cosas, como si muriera a minutos, lentamente, dolorosamente. Como si morir fuera volar. Como si volar fuera morir. Desperdiciar la vida en una cabina, compartir oxígeno reciclado por los pulmones de todos a los que veo. Veo las nubes y no puedo evitar recordar mi niñez, cuando realmente creía que algún día iba a poder volar y flotar sobre las densas nubes. A lo mejor ese día está por llegar, y me abordará con la esperanza extraviada y no me daré cuenta cuando suceda. A lo mejor ya sucedió en un martes cualquiera, y ni cuenta me di. A lo mejor ese miércoles que llovió todo el día pude volar, pero no lo intenté. ¿Cuántos milagros se me habrán escapado por no intentar? Maldito el día en que crecí, ahí se me murieron casi todos los sueños. En aras de la búsqueda del amor, se sacrificaron sueños, se taló la inocencia, el bosque de las creencias se quemó de tajo en un instante cualquiera ¿Cómo estamos seguros de que no somos capaces de resucitar?  A lo mejor eso es lo que sucede cuando nos besamos, ¿no?

Al aterrizar, cuando abren la puerta del avión, millones de partículas miniatura entran volando a conectarse con cada uno de nosotros. A recordarnos quienes somos. A inyectarnos la memoria, a ubicarnos, a gritarnos que el tiempo no paró, a burlarse de que el tiempo incluso pasa mas rápido de lo esperado, que ese es el guiño del mal, entre más le entiendes más rápido morirás, la vida es un juego en el que seguro pierdes, como una competencia en donde quien se acerque a la meta será liquidado. Los juegos del hambre son una mierda comparado con esta vida.

Por otro lado a veces me asalta la idea de quedarme atorado en el tiempo. Me encantaría quedarme atorado en un tiro libre. Ser el tirador en un partido de una Copa del Mundo, con la emoción previa, con el morbo, con la indecisión de tirar por arriba de la barrera o al poste del portero, de centrar o tirar, con los ojos del estadio sobre mi, con el mundo dividido viéndome, unos deseando mi acierto, otros mi fallo. Que en mi pie se definiera la infelicidad de muchos, el éxtasis de otros tantos. No sé por que me es atractivo quedarme detenido en algún momento celebre de la historia. Quizá es el placer de darle la contra al tiempo y no avanzar.

Y si cada beso es un reinvento, ¿si al besar cambio de ser? Algo me mueve y soy alguien más. Y nos andamos moviendo en base a besos. Los besos nos mueven. Vivimos en un tornado de besos.Y si jamás hubiera fallado un penal. ¿Y, si jamás la hubiera conocido?  ¿Y, si mejor nunca la hubiera visto? ¿Y, si portara el diez en mi camisa, en lugar de el tatuaje de mi brazo? ¿Y si no hubiera fallado cuando estuve solo frente al portero? ¿Por qué cruzado? ¿Y si Jesús se hubiera defendido? ¿Y si me hubieran explicado como exactamente nos benefició su muerte?

Me vale madre el lunes, lo que no puedo controlar es el dolor de garganta.  No la extraño. Me gustaría controlarte a ti, maldito tiempo. Estúpido y sensual tiempo. Brincarme las tardes de enfermedad, las noches brillantes, las mañanas con cruda moral. Moverte a mi placer, como la cremallera de mi viejo jeans. Que estuvieras a mi merced. Que la vida no fuera como una gripa. Que las sonrisas no fueran efímeras. Que pudiera decidir a quien besar, en quien convertirme, que el tiro libre fuera gol, y que cada vez que la vea, siempre me sonriera.

Kato Gutiérrez  © 2014
@mrkato

Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net