Versión en vivo

pexels-photo-343469.jpeg

Hoy un Mini Copper que iba muy lento invadió mi carril. Alcancé a frenar de manera audaz. Ni siquiera pude usar el claxon. Al pasar a su lado la bella dama, con el celular en la mano, me mandó un saludo sarcástico acompañado de una sonrisa. Luego siguió texteando.

Hoy en el estacionamiento, en el lugar de al lado,se paró una gran camioneta de lujo. Se bajó un hombre que vestía un traje café claro, se veía elegante. Tiró al piso servilletas, papeles, y envolturas de algún alimento. Se fue caminando dignamente mientras masticaba con la boca abierta. Al dar cinco pasos cerró su camioneta con el control remoto, tres fuertes sonidos retumbaron. Varios pasos después, casi al llegar al elevador, mientras pasaba por unos botes de basura, accionó de nuevo su control, tres sonidos retumbaron de nuevo.

Hoy un lavacoches me ofreció lavar mi auto. Asegura que el Armor All que trae no es pirata.

Hoy, el semáforo se puso en rojo, el auto de al lado avanzó y se detuvo justo en el paso peatonal. Cruzaron la calle un joven y una señora con una niña en brazos. Tuvieron que pasar fuera del área designada y un camión por poco atropella a la señora. La conductora del auto ni se inmutó, estaba inmersa en una llamada telefónica a través de un altavoz y con las dos manos al volante.

Hoy escuché una versión en vivo de Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler, y me hizo recordar el pasado. Los ochenta. Mi yo de esos años. Mis sueños, mis ingenuidades, mi percepción del amor a los quince años.

Kato Gutiérrez @ 2018

Anuncios

La Pelirroja del Violín.

ID-10014948

¡Alto! ¡Alto! ¡Altochingadamadre! Llegó el insomnio. Jaime no le hizo caso a lo que su madre todo el tiempo le decía, y, por fin la diversión empezó. Se enamoró de la del violín. Hablar con extraños le hizo conocer a extraños, que luego se convertían en conocidos, o en compañeros casuales, de esos de solo horas, todas ellas compartidas en el colchón.

Tendido viendo el techo blanco de su pequeño cuarto, blanco del yeso que no alcanzaron a cubrir con pintura. El pequeño departamento hundido en el silencio, pero, en su mente no dejaban de sonar las alegres notas del violín Country. Se enamoró de la del violín. Jamás había escuchado ese tipo de música, de hecho, le decían que era de americanos. Pero, cuando ella tocaba el violín, no se necesitaban palabras.

Nunca debió entrar a ese lugar, su instinto se lo advirtió por dos segundos, luego, su instinto se aburrió de ser tan pinche precavido. Que hueva toda la vida estar previendo accidentes, pensó el instinto, y esa noche, ya no le dijo nada al pinche Jaime. Hay pinche Jaimito, nunca te debes de enamorar de una artista y mucho menos de una de Country, esas tienen un vaquero en cada ciudad, y hay veces, que hasta dos.

Quería pensar en nada, en el techo blanco que tenía sobre él, pero no, la mente es muy terca y cabrona. La mente siempre intentará matar tu felicidad, buscará el lado malo de todo, pinche mente.  A pesar de que tenía el techo blanco a menos de doscientos cincuenta centímetros, pensaba en lo que no tenía. No podía sacar de su mente a la violinista pelirroja. Aay pinches pelirrojas, ay pinches violinistas, ay pinches vaqueras.

La veía, como lo vieron. La pensaba como siempre la soñó. La tocaba como nunca se había animado antes. Bailaba Country como jamás había imaginado que lo pudiera hacer. El insomnio debería de traer una bocina pequeña para ambientar su aparición, para ese momento de soledad llenarlo de música. Una bocina sólo para los que han pagado el recibo de la luz a tiempo en los últimos ochenta y cuatro meses. Él no tenía bocina, él decía que no quería oír música, no la necesitaba, no la podía sacar de él.

Y cantó y lo callaron sus hermanos. Y cantó y lo calló su mamá, quien ya se olía que algo malo le había pasado. ¿Siempre lo malo para las madres, es lo bueno para los hijos? ¿De plano uno ya no puede tararear una pinche canción de un ritmo nuevo? Cuando se puso de moda el Reguetón el nefasto de su hermanó, en semanas, no dejó de bailarlo. ¿Qué no podía Jaimito llevar un ritmo nuevo, fresco, de los del norte? Uno que se baila en líneas, aunque no entendía porque lo nombraban Square Dancing, muy a huevo entendía esas dos palabras, no le pidas más.

Corre Jaime, arrastra la mañana. Huye de noche. Vé, búscala. Tócala. Háblale. Báilale. No todas las noches uno cruza miradas con bellezas como esa. No todas las noches uno baila con una artista. No todas las noches una pelirroja te corresponde. Corre, pendejo, encuéntrala ya, antes de que monte otro caballo, la noche para los vaqueros es corta, porque todos amanecen muy temprano.

Kato Gutiérrez © 2013

Imagen cortesía de: FreeDigitalPhotos.net