Aprenderé a besar en Canada

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Ay, no manches. Otro verano que ya casi termina. Falta, tipo, solo un mes para irme a Canada y aún tengo miles de cosas por hacer. Nadie me ha enseñado a besar. No sé que sentiré cuando lo haga por primera vez. Por más que intento, no recuerdo cuando pedí este viaje a mis papás. Dicen que fue idea mía. Yo ni me acuerdo lo que hice la semana pasada, pero que bueno que por fin me dan algo de lo que les pido.

Por un lado está bien irme tanto tiempo, aunque un año es muchísimo, estaré libre de mis hermanas, ya no pelearé con ellas. Supongo que con la familia que llegue tendré mi propio cuarto. Ojalá sea una mansión enorme, con sirvientes, con jardines, con albercas, con una cancha de tenis. Que tengan autos deportivos, y que alguno de los hijos sea guapísimo. A lo mejor mi primer novio es el mejor jugador de equipo de basquet de la escuela, como en las películas.

Llevo dos noches que sueño que me persiguen dinosaurios rosas. Nunca he besado a nadie. Que vergüenza llegar a Canada a los diecisiete años sin saber besar. No importa, allá aprenderé. Que bueno que me voy, no sé bien a qué, pero lo que sea con tal de salir de Monterrey. Me da flojera ya empezar con la universidad, y tener pendientes y responsabilidades, y tener que sonreír y ser educada, y ser amable y seguir viendo a la misma gente. Todos son iguales. Todos son los mismos. No importa de que colegio o colonia sean, todos hablan de lo mismo. No entiendo a Marcela que siempre sonríe, siempre tan feliz, siempre con novios y amigos. No sé que la hace tan feliz. Yo ya contaba los días para terminar la Prepa, ya no soportaba ver las mismas caras de los últimos tres años.

No sé porque se me pasan los días tan rápido. Mi mamá no me deja dormir tarde, eso me molesta muchísimo. Últimamente no nos entendemos en nada. No le importa que he mejorado en la limpieza de mi cuarto, ni que ya tiendo la cama casi todos los días, no, eso no le importa, siempre me critica con lo que no hago.

Llevo dos semanas en que me despierto justo a las cuatro de la mañana con cuatro minutos. Las chicharras suenan fuertísimo a esas horas. Mis hermanas están dormidas en sus camas, aunque capaz que una de ellas me avienta algo para despertarme, por chistosa, o por molestar. Escucho como el sanitario tira agua. A lo mejor, Tití va al baño a esas horas.

Me he levantado alguna de esas madrugadas, y me acerco a la ventana. Veo con algo de miedo hacia el jardín, a veces alucino que estará inundado de chicharras. Pero no, no veo ninguna chicharra. Un día vi pasar un tlacuache y me dio mucho asco. Esa noche ya no me pude volver a dormir.

Me acuerdo cuando me emocionaba con las flores que salían en el jardín, corría por la cámara Canon de mi papá y rezaba porque tuviera espacio para tomar algunas fotos. Le tomaba a las que mejor color tuvieran. Incluso tenía una esquina que me gustaba decir que era mi esquina. Ahí estaba las mejores flores, ahí regaba con mucha ilusión todos los días de verano. Ahí soñaba con mi primer novio. Ahí juraba que iba a poner una banca, o pedirle a mi papá que pusiera una. Pero nunca lo hice. Ya ni recuerdo como nombraba esa esquina. Ya ni recuerdo cuando caminaba ahí con mi papá. Ya ni recuerdo de qué hablábamos. Creo que en este verano solo en la fiesta de mi cumpleaños estuve ahí afuera.

Ya estoy harta de lo Regios. Todos se visten iguales. Hablan de la misma manera. Todos cuentan las mismas mentiras. Todos presumen lo mismo. Hasta creo que compran las flores, tarjetas y chocolates en la misma tienda. Los chavos son tan predecibles que en seis ocasiones me han regalado la misma tarjeta, seis chavos diferentes eligieron la misma tarjeta. ¡La misma en blanco y negro! De una pareja tomada de la mano sobre un puente en París. ¡Por Dios! Cero originales.Y mis amigas iguales. Hablan de lo mismo, solo esperan el fin de semana para ir al Privatt. Presumen cual es el gimnasio con la mejor instructora de Cross Fit, y se pasan midiendo su cuerpo. Yo nunca he medido mi cuerpo, no necesito hacerlo. Sé que estoy guapa, y ya eso me es suficiente. Mientras se me sigan amontonando las rosas que me regalan, todo estará bien.

Tengo que ponerme de acuerdo con mis hermanas para a ver si me pueden llevar al consulado de Canada, tengo que llevar unos papeles y llenar unas formas. Ojalá que mejor me lleve mi mamá, para que ella haga todo eso.

No me importa si no sé bien lo que esperan mis papás de este viaje, de este año, de mí, lo que me tiene super emocionada es que estaré libre para hacer todo lo que quiera. Aquí voy Canada, aquí voy. Ya estas semanas se me irán muy rápido, tengo muchas despedidas mías y de varias amigas y amigos que también se van de intercambio, así que, es muy bueno ser joven. Es el tiempo para divertirnos, ¿no?

Kato Gutiérrez © 2016
FB: Kato Gtz
@mrkato

 

 

Foto cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

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