El choque

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Hoy vi un choque. Una camioneta pick up pequeña me cerró, se metió sin ningún aviso. Frené. Ni alcancé a tocar el claxón. Siguió su ruta inclinada e invadió el siguiente carril. Una Suburban enorme, brillante y nueva, no frenó y chocaron de lado.

No pude evitarlo y sonreí. Por pendejo el de la pick up. Me ahorré una mentada de madre. Ahora quien maldecía era el conductor de la Suburban. Se bajó con la cara roja, caminaba con los brazos separados del cuerpo, como si trajera las axilas rosadas. ¿Qué te pasa, pendejo? Alcancé a leerle en sus labios. Movía sus brazos como diputado dando un discurso.Y sonreí más. El de la pick up decía: Ay, cabrón. Y yo pensaba que me había librado por algunos segundos.

Si me hubiera cambiado de carril antes, si me hubiera levantado a la primera, si no me hubiera lavado los dientes, si no hubiera puesto Spotify antes de salir, yo hubiera sido el de la Suburban. Yo hubiera sido él. Yo estaría diciendo: ¿Qué te pasa, pendejo? Con mi cara de dragón y mis cachetes rojos. Yo hubiera sido él.

Ahí estaban las dos camionetas blancas, tocándose, atoradas, de lado. Como si un imán las uniera. Los dos conductores maldecían. Yo sonreía. Me acordé como se ven mis piernas entre las tuyas. Volví a sonreír. Por pendejos los dos.

Kato Gutiérrez © 2018

Reseña Austin (Buscando a Stella)

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La ciudad es peligrosa. Corres peligro que te atrape en los primeros cuatro segundos. Como si los grandes árboles te fueran a abrazar, o comer. Como si las urracas cantaran versos, el Jazz liberara conciencias y borrara pecados. La decadencia está siempre en la siguiente cuadra, como siempre en este mundo.

En una mesa se me cruzaron las fronteras con cerveza y Coca Cola de mi tierra. Con idiomas que no reconozco en la siguiente mesa. Con mis paisanos de siempre trabajando entre mesas y cubiertos, o sobre jardines y edificios. Es fácil identificarlos hay como un código al mirarnos, una sonrisa siempre concluye.

Cientos de cervezas. Miles de historias, pero no encuentro a Stella. No era la mesera coqueta del cabello rosa. Tampoco la güera elegante que bajó de la limosina y nublada por el alcohol en lugar de la esperada petición de que la fotografiara con sus amigas, me pidió que la abrazara. Tampoco la encontré en esa prisa extraña, esa prisa lenta que todos poseen aquí. Ni en la saturación de todo, de sueños, pensamientos, cosas por hacer, expectativas, de fracasos, de reclamos a esta vida.

No, no estaba ahí en el olor a leña quemada que a todos acompaña en esa ciudad. Ni en las distancias, ni en los historiales crediticios, ni en la tecnología que todo rige, ni en la añoranza de la tierra de origen. Tampoco estaba en el intento de disimular el tormento pretendiendo bailar, pretendiendo sonreír. ¿Dónde estás Stella?

No la vi en la juventud cada vez más joven. Ni en los músicos de calle que solo tocaban un sólo acorde. Ni en los pordioseros con cartelones de reclamo al gobierno, al ejército, a su ex esposa. Ni el dealer me pudo instruir sobre Stella. Ni el Sheriff Hispano de la ciudad, ni en los yates llenos de alcohol que rompían el silencio de la mañana de domingo. Tampoco estaba en el oscuro restaurante con un exquisito olor a leña. Ni en el pasado, ni en los álbumes, ni en las decisiones por hacer, ni en la jodida búsqueda de motivos y explicaciones. Ni en la prisa, ni en el rush. Ni en los ojos de la hermosa mujer sentada en la banca junto al río, ni que yo fuera Luca, ni que pudiera ver algo más que brillos en sus ojos.

Tampoco estaba en la soledad, ni en el café que el domingo por la mañana no había ninguna familia, no la encontré al corroborar que el machacado con huevo sigue causando nostalgia. Ni en el susto al sentir excremento de urraca caer sobre mi mano mientras escribo esto.

No encontré a Stella en Austin. No importa. Lo que si encontré fue el poder de como una charla de ciento cincuenta minutos nos puede convertir de extraños a amigos. Gracias Austin, primera gira internacional, nunca la olvidaré.

Kato Gutiérrez © 2015
@mrkato

Presentación Cuatro Segundos en Feria del Libro Monterrey

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Me invitaron a presentar mi novela, Cuatro Segundos, en el día inaugural de la Feria Internacional del Libro Monterrey, lo cual me tiene muy emocionado.

Hace años era difícil imaginarme ahí, ahora ahí estaré, en mi Feria, en mi Monterrey. Será una tarde memorable, me presentarán Gabriela Riveros y Felipe Montes.

Cuatro Segundos es una novela pop, contemporánea, trepidante, en donde Luca ansía encontrarle sentido a su extraña y vertiginosa existencia cuando descubre lo que sucede si ve a los ojos a alguien durante cuatro segundos.

Sería genial que me acompañes ese día, para con abrazos seguir tentando al destino.

 

Kato Gutiérrez