Versión en vivo

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Hoy un Mini Copper que iba muy lento invadió mi carril. Alcancé a frenar de manera audaz. Ni siquiera pude usar el claxon. Al pasar a su lado la bella dama, con el celular en la mano, me mandó un saludo sarcástico acompañado de una sonrisa. Luego siguió texteando.

Hoy en el estacionamiento, en el lugar de al lado,se paró una gran camioneta de lujo. Se bajó un hombre que vestía un traje café claro, se veía elegante. Tiró al piso servilletas, papeles, y envolturas de algún alimento. Se fue caminando dignamente mientras masticaba con la boca abierta. Al dar cinco pasos cerró su camioneta con el control remoto, tres fuertes sonidos retumbaron. Varios pasos después, casi al llegar al elevador, mientras pasaba por unos botes de basura, accionó de nuevo su control, tres sonidos retumbaron de nuevo.

Hoy un lavacoches me ofreció lavar mi auto. Asegura que el Armor All que trae no es pirata.

Hoy, el semáforo se puso en rojo, el auto de al lado avanzó y se detuvo justo en el paso peatonal. Cruzaron la calle un joven y una señora con una niña en brazos. Tuvieron que pasar fuera del área designada y un camión por poco atropella a la señora. La conductora del auto ni se inmutó, estaba inmersa en una llamada telefónica a través de un altavoz y con las dos manos al volante.

Hoy escuché una versión en vivo de Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler, y me hizo recordar el pasado. Los ochenta. Mi yo de esos años. Mis sueños, mis ingenuidades, mi percepción del amor a los quince años.

Kato Gutiérrez @ 2018

Presentación en Arboleda

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Y de pronto suceden noches de amor, que al ritmo del rock ochentero, en los abrazos se encuentran todas las respuestas. Muchas gracias por tanto amor. Ustedes son los magos, los poderosos. Generan chispas de buena vibra en cada página que giran, en cada palabra que me leen, en cada abrazo que me dan. Sin ustedes la historia sería totalmente diferente. Su apoyo me baja el cielo y me sube al sol. ¡Los quiero!

Vaya arranque memorable para El instante que nos queda. ¡Muchas gracias!

Reseña Austin (Buscando a Stella)

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La ciudad es peligrosa. Corres peligro que te atrape en los primeros cuatro segundos. Como si los grandes árboles te fueran a abrazar, o comer. Como si las urracas cantaran versos, el Jazz liberara conciencias y borrara pecados. La decadencia está siempre en la siguiente cuadra, como siempre en este mundo.

En una mesa se me cruzaron las fronteras con cerveza y Coca Cola de mi tierra. Con idiomas que no reconozco en la siguiente mesa. Con mis paisanos de siempre trabajando entre mesas y cubiertos, o sobre jardines y edificios. Es fácil identificarlos hay como un código al mirarnos, una sonrisa siempre concluye.

Cientos de cervezas. Miles de historias, pero no encuentro a Stella. No era la mesera coqueta del cabello rosa. Tampoco la güera elegante que bajó de la limosina y nublada por el alcohol en lugar de la esperada petición de que la fotografiara con sus amigas, me pidió que la abrazara. Tampoco la encontré en esa prisa extraña, esa prisa lenta que todos poseen aquí. Ni en la saturación de todo, de sueños, pensamientos, cosas por hacer, expectativas, de fracasos, de reclamos a esta vida.

No, no estaba ahí en el olor a leña quemada que a todos acompaña en esa ciudad. Ni en las distancias, ni en los historiales crediticios, ni en la tecnología que todo rige, ni en la añoranza de la tierra de origen. Tampoco estaba en el intento de disimular el tormento pretendiendo bailar, pretendiendo sonreír. ¿Dónde estás Stella?

No la vi en la juventud cada vez más joven. Ni en los músicos de calle que solo tocaban un sólo acorde. Ni en los pordioseros con cartelones de reclamo al gobierno, al ejército, a su ex esposa. Ni el dealer me pudo instruir sobre Stella. Ni el Sheriff Hispano de la ciudad, ni en los yates llenos de alcohol que rompían el silencio de la mañana de domingo. Tampoco estaba en el oscuro restaurante con un exquisito olor a leña. Ni en el pasado, ni en los álbumes, ni en las decisiones por hacer, ni en la jodida búsqueda de motivos y explicaciones. Ni en la prisa, ni en el rush. Ni en los ojos de la hermosa mujer sentada en la banca junto al río, ni que yo fuera Luca, ni que pudiera ver algo más que brillos en sus ojos.

Tampoco estaba en la soledad, ni en el café que el domingo por la mañana no había ninguna familia, no la encontré al corroborar que el machacado con huevo sigue causando nostalgia. Ni en el susto al sentir excremento de urraca caer sobre mi mano mientras escribo esto.

No encontré a Stella en Austin. No importa. Lo que si encontré fue el poder de como una charla de ciento cincuenta minutos nos puede convertir de extraños a amigos. Gracias Austin, primera gira internacional, nunca la olvidaré.

Kato Gutiérrez © 2015
@mrkato