Nota de Sofía Segovia

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Protegido: Aprenderé a besar en Canada

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Baila conmigo.

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Con ese vestido rojo, era obvio que ibas convulsionar el lugar. Las miradas de todos, hombres y mujeres, se peleaban por llegar a ti primero.

Fantaseé con miles de canciones de los ochenta en donde varios nombres de mujeres volvían locos a los cantantes de rock, que a pesar de su rebelde cabellera larga, se animaban a cantar un rock romántico ¿Como te llamarás? ¿Por qué alguien tan bella llega sola a un bar como este?

¿Amanda? Hace años un amigo me dijo que era de seres inteligentes desconfiar de la belleza, sobre todo cuando ésta llega sola. ¿Por qué estás sola? Rompes el ambiente con tu ritmo, los meseros dejan de servir con tal de verte. Se improvisa una pasarela para admirarte. Ya siento que te necesito, siento que te extraño a pesar de que jamás hemos cruzado palabras. Me encantaría tener una excusa para poder iniciar una conversación contigo ahorita. Me encantaría, que esta noche, con tan poco alcohol en mí, tuviera el valor de acercarme a hablarte.

Ya vi las miradas de los barman, esperando ser elegidos, dispuestos a regalarte la bebida que sea, con tal de tener el privilegio de ver tu escote de frente por unos segundos solo para ellos. Todo el bar está dispuesto a regalarte mínimo una bebida, yo estoy dispuesto a regalarte mi noche. El problema es que el valor se me perdió hace unos meses. Lo dejé perdido en alguna firma de una liquidación. Lo dejé perdido en la rutina, en la pinche costumbre de hacer lo que tocaba hacer, a pesar de intentar hacer cosas diferentes, como estar una noche de martes aquí en este bar, a pesar de esto, siento que el valor se me fue, siento que mi ex patrón me ve todo el tiempo, que me ve de forma burlona, como si festejara mis fracasos cada vez que me acerco a una mujer.

Desde entonces no he logrado, ni siquiera un número de teléfono. Y hasta escucho las carcajadas mudas de mi ex patrón. Eso me ha llevado a ya no hablar con mujeres tan hermosas como tú. Ahora las elijo un poco menos afortunadas, digamos que algunas tallas más, pero aún así, sigo fallando, fallo como nunca. Y, he perdido la confianza de manera rotunda, como futbolista mexicano tirando un penal en una copa del mundo.

Pero esta noche llegas tu, y me recuerdas lo hermosa que puede ser una mujer. Me recordaste cuando siempre intentaba conocer a las mas hermosas, todo o nada, pero, ahh como nos cambia la vida, como nos cambian los cuarenta. Mas kilos, menos cabello, y el conformismo tocándome la puerta cada mañana. No mames, yo quiero conocer a alguien como tú.

No sé porque me preocupa saber tu nombre. Quizá es porque en la universidad siempre tenía éxito con mujeres que su nombre empezara con alguna vocal. Llegaba invitándoles una bebida, nunca dos, nunca cuatro, siempre número non, para poder tener éxito y que la historia terminara en alguna cama. Tenía que ser bella y que su nombre iniciara con vocal. Me dan ganas de mandar al mesero a preguntarte tu nombre, pero no imagino alguna forma más nefasta de iniciar una interacción. Me afectó trabajar tantos años en la empresa de seguros donde me tocaba calcular la posibilidad de siniestro de cada póliza, ahora cada decisión que tomo en mi vida, inconscientemente hago el cálculo de porcentaje de efectividad. Y pensar que hace muchos años me decían Superman.

Ojalá el alcohol me dé el valor que esta noche necesito para acerarme a ti. Que se me ocurra una frase diferente a la que los otro veinte pretendientes que se te van a acercar esta noche, algún piropo que te quite el habla por cuatro segundos, algo que te provoque verme por un momento sin preocupación, que la sangre se te vaya a los pies al ver el candor de mis ojos, que en ellos encontraras esperanza, encontraras la honestidad que nadie te ha podido dar porque se quedan mareados en tu espectacular cuerpo. Yo no me quiero quedar atorado en ese monumento, tu eres un templo más grande. Hasta me dejo llevar por mi lado romántico y alucino que tu espíritu es más hermoso que tu cuerpo, así de perfecta te creo en este momento, estás a cinco metros de mí, y siento que ya te conozco desde siempre, siento que tu voz me es familiar, siento tu aroma. Me llevas a un paraíso que creí que no existía, ya he visto como rechazas a dos valientes, y yo que no sé porque no me animo a hablarte. ¿Y si esta noche cambiaría mi vida? ¿Si tu voz cambiara mi universo? ¿Si tu sonrisa alterara mis miedos? Y desapareciera mi rutina, ¿si al tocarte no nos soltáramos? Que el llanto nos uniera. Ya me has dejado sordo, no escucho la música ochentera que el grupo toca desde la esquina, ¿y, qué si nos tocamos? ¿Y, qué si nos rozamos los hombros? ¿Y si nos miramos hasta entendernos? Ya retírate de la barra, una mujer como tú no debe de estar ahí. O eres la dueña del lugar, o tanta belleza no corresponde aquí, mucho menos sola.

Todo el lugar espera que te muevas, para ver tus caderas ladearse rítmicamente. Hay una mesa sola, justo a mi lado. ¿Y si al destino le gusta el martes, y te pone a mi lado? ¿Y si desde aquí tengo vista de lujo a tus piernas? Que el destino se equivoque esta noche, por favor, al cabo es martes, que te ponga a mi lado, que me haga el reto más fácil, que ver tus piernas tan cerca me llenen de valor. Una parte de mi me grita que me va ir bien, la otra parte de mi está mareada en ti, está ardiendo. El deseo me retrasa una década, no te puedo dejar ir. Cinco gueyes han pasado, no duran ni un segundo contigo, y yo que quiero toda la vida juntos. Si tan solo nuestros ojos conectaran. Una cerveza más y voy. Nadie de mis amigos me cree. Creen que estoy loco. Una cerveza más. A una cerveza de tus piernas. ¿Y si tu olor me noquea y me deja mudo? El grupo toca Las curvas de esa chica, ¿y si me copio las líneas de la canción para iniciar la conversación? No quiero que empieces a bailar, creo que no lo soportaré. O bailas conmigo, o no bailes. Estoy huyendo de mi. Y te tengo a tan sólo unos pasos de mí. Que su nombre inicie con vocal, por favor. Doy el primer paso, el segundo, solo me quedan tres pasos, y uno de mis amigos me grita: Jotoo. Cuando giré a defenderme me tropecé con un sillón, trastabillé y caí semi recostado justo en el sillón a tu lado. Lo único que pude hacer fue sonreír, y decir hola. Nunca había apostado tanto a una sonrisa mía, que te guste, por favor. ¿Así son tus amigos? Y me rompiste las pupilas con tu sonrisa. Tu brillo me dejó ciego. No te podía ver, te olía, te sentía, te quería tocar, pero brillabas como ninguna, tu brillo me cegaba, me faltaba esperanza para preguntar tu nombre, ¿Amanda? Que se llame Amanda, que se llame Amanda, por favor. ¿Y si nos conocemos a silencios? ¿Y si dejamos que el corazón mande? No me importa las horas que han pasado desde que literalmente caí a tu lado, pero espero que este lugar cierre mínimo a las tres de la mañana. Dos canciones y ya no me importa tu nombre, mi mano esta en tu muslo, y así me puedo quedar hasta que el sol nos sorprenda. Otros cuatro han incrementado la lista de rechazados. Y ahora mi otro brazo sobre tus hombros. ¿Y si cierran el lugar y nos quedamos nosotros? ¿Y si nos vamos a la montaña a contar estrellas? Me es muy difícil pensar en algún lugar mejor para estar contigo, que justo ahorita aquí. No me pares. No tengo el valor de proponer nada que implique el cambio de posición de mis brazos. Si acaso, que pare el tiempo. No quiero parar, el deseo me marea, tu boca, ya no es mucho pedir, tu boca. Me falta tu boca. Conectemos todos los sentidos antes de que nos empecemos a extrañar. Eterniza este momento con un beso, transpongamos con un roce. Bailemos. Que verte bailando frente a mi, con la mirada de todos sobre mi espalda haga aun más increíble y memorable esta noche, anímate, no me digas nada, ni siquiera me repitas tu nombre, bailemos con las miradas de todos encima, bailemos con el reto del placer revoloteándonos en el cráneo, bailemos con la ligereza de la edad, del desatino y la desesperanza, bailemos gozándonos, que aunque la música nos marque otro ritmo, nosotros solo sintamos una orquesta tocando una serenata para nosotros. Bailemos como antes, con respeto, con ilusión, con deseo, como siempre lo hemos hecho tu y yo.

Kato Gutiérrez  © 2014
@mrkato

Imagen cortesía de: http://www.freedigitalphotos.net

Despertando a carcajadas

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Hoy me desperté riéndome. Es la primera vez que me sucede. No fue una simple sonrisa, no; fueron carcajadas, de hecho, por eso me desperté. Mi despertador fueron mis carcajadas. Muchas mañanas había despertado asustado por alguna pesadilla, o enojado por haber interrumpido algún sueño placentero, pero nunca a carcajadas. ¿Qué significará? ¿Será cierto que Dios habla en sueños?

Muchas noches tengo el mismo sueño: estoy en una guerra y no sé como accionar el arma. Las rodillas me duelen de tanto temblar, siento un viento helado dentro de mis vértebras. Tallo mis dientes con mucha fuerza y frecuencia. Mi boca apesta. Estoy escondido en una vieja casa en ruinas. Tengo mi cara manchada de tierra y aceite. A lo lejos se escuchan aviones, bombazos, camiones, gritos en lenguajes extraños y llantos, muchos llantos, ¿por qué en las películas de guerra no se escuchan lo llantos? Pero sobre todo resalta el continuo golpeteo de las aspas de un helicóptero molestando el perturbado aire de esta zona. A mí también me molestan, me recuerdan mis constantes pecados. Tengo un casco antiguo, creo que es la segunda guerra mundial, no sé a que país defiendo, lo único que me importa es defender mi vida. Tengo mi indice derecho muy lejos del gatillo. Mi indice está tieso, extendido, frío, creo que será imposible hacerlo accionar el gatillo. Tengo miedo, mucho miedo. Siento que el terror ha tomado todo el oxígeno, ya no quiero respirar, siento que entra a mí. Aterrado por la violencia no sé a quien defiendo, no sé quien es mi aliado y quien mi enemigo. A veces en mi vida me pasa igual. Sigo en una esquina, en cuclillas, hasta las uñas me tiemblan del miedo. El valor que se requiere para asomarme por la ventana se encuentra a kilómetros de aquí. Creo llegar a la conclusión de que es más cobardía que temor. Prefiero morir que a matar. Llegan dos soldados a la habitación donde estoy. Su bandera es diferente a la mía. Hablan algún idioma que no entiendo. Se ríen. Prenden un cigarro. Ponen su rifle en el piso recargándolo sobre sus muslos derechos. Me gustaría saber que marca son esos cigarros que están fumando. Huele delicioso. Me gustaría entender su idioma. Siguen riéndose. Dan dos tragos a sus cantimploras. No creo que sea sólo agua. Son güeros, de ojos verdes. ¿Por qué habrían de matarme? ¿Por qué habría de matarlos? Antes de que alguien accione algún gatillo, les pregunto el motivo de nuestra pelea. Sus insignias son diferentes a las de mi uniforme, pero han de representar lo mismo: orgullo, egocentrismo, presunción, dramas, lástimas, poder. Ellos tienen más que yo. En mi sucio uniforme solo tengo dos. ¿Cómo acciono el gatillo? Lentamente toman sus rifles, los dos me apuntan. Por motivos de orgullo y de honor, me levanto y los veo de frente. Me acuerdo de Pancho Villa. Me acuerdo de una hacienda en Chihuahua. Me acuerdo de una pared de adobe inundada de balas revolucionarias. Juro escuchar que alguien grita: ¡Viva México! En ese momento me gustaría despertarme, pero no, por más miedo que siento, no me despierto, a diferencia de cuando sueño que estoy por besar a Salma, ahí siempre me despierto antes del beso. No importa cuantas veces tenga el sueño de la guerra, sigo sintiendo el mismo miedo, sufro como si fuera la primera vez que lo sueño. La desesperación que siento por despertarme, me convierte en un soldado más valiente. Dejo de tomar el rifle como escoba. Con la mano izquierda lo sostengo, cacha a mi hombro derecho, ¿y el indice? El indice se calentó, se flexionó, tocó el gatillo y lo accionó. ¡Puum! ¡Y ni ahí me despierto! Pero si estuviera soñando con Salma, con solo acercarme a su cuerpo, siempre me despierto. No me despierto después del disparo, pero tampoco alcanzó a ver que sucede. Solo veo mi cara de terror, la ansiedad tronándome la espalda y el sabor a plomo en mi boca, pero nunca veo que pasa con la bala.

Tratando de despertar, leo las noticias del día. Buenos días mundo exótico. Políticos usando esperma de tiburón para evitar las arrugas, la industria porno detenida por un positivo, peleas familiares, armas químicas, coches bombas, jóvenes matando por aburrimiento, reos pidiendo tratamiento hormonal para cambio de sexo; entre todo esto me confundo. Dudo cual es el sueño y cual es la realidad. Dudo cual es la peor pesadilla. Elijo el miedo a la guerra.

No sé porque hoy me desperté a carcajadas. Quizá fue lo que cené, o lo que tomé. Quizá fue el Rivotril de postre o el té de azahares. Quizá fue el beso que robé anoche o la caricia que me arrebataron. Salma no me ha llamado, tampoco Gwyneth. Me pregunto por qué me desperté a carcajadas hoy, y no tengo una respuesta.

Kato Gutiérrez © 2013

Imagen cortesía de: FreeDigitalPhotos.net